SE: ¿De dónde venís Adriana?

AB: Yo soy de Cali, Colombia. Nací allá, me crié allá y viví casi toda mi vida en esa ciudad. Luego a mis 16 años viajé a Venezuela porque mi madre es del norte de Colombia y nunca conocimos a la familia de mi mamá. Viví unos años en Venezuela también. Luego a mis 21 me devuelvo para mi ciudad porque no quería estar más allá y bueno, me regreso para mi ciudad natal. Viví hasta hace cuatro años que salí del país.

SE: ¿Qué edad tenés?

AB: 34.

SE: Así que hace cuatro años que te fuiste de Colombia. ¿Por qué?

AB: Primeramente, yo salgo por dos cosas. Una situación no tan buena. Lamentablemente, mi país es un poco violento, tanto en el campo como dentro de la ciudad. Empiezo a tener problemas con los vecinos. Muy, muy peligrosos. Empezaron como pequeñas cosas, por las entradas que nos tocaba compartir, empezaron a generar muchos problemas. Todos los días se volvió terrible, ponían música, tres, cuatro de la mañana. Lunes yo trabajaba. En diciembre en Colombia suena mucho el tema de la pólvora, de los fuegos artificiales. Y digamos que una noche ellos… queman dentro de la casa, ni siquiera salen afuera. Yo les pido a ellos como que no lo hagan porque tenía un perro que era un poco miedoso a los ruidos fuertes y eso fue como el detonante de todo, empezaron pues más como a agredirme verbalmente. Yo llegaba a casa, encontraba las piedras, tiraban piedras mientras yo no estaba y digamos que eso fue terrible.

Y luego pasó algo llegando de trabajar, pues llegaba muy tarde, tipo 11 de la noche, me quedaba hablando con mi vecino y de la nada vimos una persecución de la policía con un grupo de personas en una moto. Nosotros nos quedamos como que no, raro, justamente pasa eso enfrente de nosotros, la policía logra parar a esas personas enfrente de nosotros. Y resulta que una de esas personas era el hermano de mi vecino que también vivía ahí. Entonces como que eso fue lo que estalló, aquel problema que teníamos de convivencia.

SE: ¿Y vos con quién vivías vos ahí?

AB: En ese momento yo estaba con mi mamá, pero mi mamá trabajaba en una casa de familia y se quedaba.

SE: ¿Y quedabas vos sola?

AB: Claro, yo mantenía esa casa.

SE: ¿Sos hija única?

AB: No, tengo una hermana, pero ya hace mucho tiempo ya había salido del país. Estaba viajando por Latinoamérica, en ese momento ya creo que estaba en Brasil.

Entonces yo estaba sola con los perros, con mi perrita que me ha comido pañoto durante muchos años y mi otro perro que era de mi hermana, que me había dejado al cuidado. Entonces yo viví toda esa violencia sola, de vez en cuando mi papá me iba a visitar, a saludarme con el perro, con otro perro.

Él vió eso porque me decía, “no, pero no diga nada, no conteste nada”. Y yo decía, “pero es que yo no contesto nada”. O sea, yo solamente les pedí una vez lo del tema de la pólvora y desde ahí fue como que explotó todo y todos los días eran problemas. Él vivía con la mamá, la señora, no sé, mantenían muy perseguidos. Eran nuevos, llegaron nuevos.

SE: ¿Y por qué irte del país y no irte solo de la ciudad, por ejemplo?

AB: Porque de la ciudad me mudé tres veces. Me mudé tres veces dentro de la misma ciudad y yo trabajaba cerca. Lo que pasa es que yo siempre traté de vivir cerca donde trabajaba porque yo me muevo en bicicleta. Por ejemplo entonces, por evitar, porque mi ciudad es, no sé para mí Buenos Aires es tranquilo a comparación de mi ciudad. No tenemos tren, no tenemos nada para mí el transporte aquí es maravilloso y es lo que no funciona bien 100% entonces te imaginarás

Por eso siempre traté de caminar o irme en bicicleta para mi trabajo. Y tenía amigos y a veces me cruzaba o iba para esa zona y pues era terrible porque me los encontraban y salían las amenazas. Entonces me sale una oferta de trabajo en ese momento. En el último lugar que me mudé me sale una oferta de trabajo en Brasil. Iban a estar también pasando esa situación tóxica. Entonces dije, no, pues que me quedo acá, me había quedado sin trabajo, pues me voy. Ahí me voy para Brasil a trabajar temporada, sin saber portugués, ahí está la temporada para trabajar en cocina, yo trabajo en cocin. “Es para la temporada de verano, ¿quieres venir?” Y yo, no, “pues sí, mira todo lo que está pasando acá, me voy, ¿qué más hay acá?”.

Emprendo mi viaje, en ese momento pues yo tengo una perra que me acompañó toda mi vida, porque en sí yo en ese momento vivía con mi madre, pero llevaba muchos años viviendo sola. Desde que me llegué de Venezuela, de Nueva Colombia, viví sola. Entonces, digamos que los últimos dos años que estuve en ese sector, que pasó con los vecinos, viví con mi madre. Por el resto vivía sola. Entonces tengo mi perrita que me acompañó, tiene 12 años. En ese momento, pues yo haciendo todos los documentos para llevármela, todo, a última hora me dicen que no puedo porque el lugar donde me voy a quedar no me reciben la perra, entonces como que fue “muuyy”, esa fue como la parte más difícil de irme, que era mi apoyo emocional. Porque pues ya tenía todo listo para llevármela y yo con ella me había mudado de ciudad, me había montado en transporte público, sí, me había subido en moto con ella, a todos lados.

Me tocó dejarla con el dolor del alma, porque fue así, tres días, o sea, una semana antes del vuelo me dijeron: -:” no, no puedes viajar con ella”, y yo, “pero mira, tengo todo listo como..”..

Me dice, “es lo que hay”. Yo como que no podía hacer más.

SE: ¿Y con quién la dejaste?

AB: La dejé con una amiga que es como mi hermana. Por ese lado, así como que me dolía mucho. Y yo, ah, pero con quién la voy a dejar. Mi vida, mi hijita. Entonces, bueno, quedó en muy buenas manos. Una persona que la conocí hace muchos años. Había viajado conmigo, con ella, acampado. Se conocían. Dormíamos en casa de ella. O sea, es… familia, digámoslo así, ella es familia también para mí. Entonces, digamos que está esa persona, se queda con ella, me dice, “no, güey, tranquilo, sabes que yo quiero a Simona”. Ella fue la que se ofreció, “yo te la cuido, cuando puedas volver, anda y espera que se calmen un poco las cosas acá y pues volver por ella y te vas de nuevo, no sé qué vas a hacer, qué piensas también, porque te vas por temas de trabajo, pero qué vas a hacer”, me decía.

Entonces, bueno, me voy sin saber portugués, nada. Me defendí porque bueno, en la cocina ahí con lo que uno sabe te va…

SE: Con un poco de gesto en la cocina te comunicas (risas).

AB: Exactamente, cocinas, en la olla se cocina. La cocina con libertad total. Fue muy gracioso porque yo bueno, me voy y no sé nada porque no era nada planeado. Digamos que yo vivo en el occidente del país y no tenemos tanta conexión como con Brasil que siento que ahorita que llegué a Argentina sí la tienen mucho con Brasil y no sé, yo en Colombia nada que ver con Brasil ni con Argentina. Tampoco o sea me dan planes así estaba como muy aislada y todo eso y bueno trabajé ahí

SE: ¿Cuánto tiempo te quedaste en Brasil?

AB: En Brasil viví un año y medio. Estuve primero en Florianápolis. Ya se estaba acabando la temporada y no me fue muy bien en ese trabajo porque ya la cocina es muy pesada y a veces las personas también son un poco, no sé, lejos, son malos adentro de la cocina.

Entonces, casualmente, yo en Brasil tenía un amigo, un mejor amigo que se había ido muchos años y él siempre estuvo muy pendiente de mí, sabía el problema que yo había sucedido en Colombia. Me decía, “Adri, cualquier cosa estoy acá, estoy para ti”. Yo vivía en otra ciudad. Entonces yo como que no, le comenté, “mira, aquí no me está yendo muy bien”, me dice, “no te vas a volver para Colombia, vos sabes lo que está pasando allá, venite para acá, aprovecha que estás aquí en Brasil y te quedas, no sé, y miramos qué hacemos”. Y bueno, eso sucedió, me fui para la casa de él, en una ciudad que se llama Teresópolis, a una hora de Río de Janeiro. Y bueno, también en ese proceso, yo no quería vivir como en una ciudad tan grande como lo era mi ciudad, primero por todo lo que había pasado, años anteriores también,

Había pasado el tema del estallido social en Colombia, o sea, mi ciudad es muy, no sé, o sea, yo la amo, me encanta, me encanta Colombia, la gastronomía, tengo mis amigos que son como mi familia, mi familia, pero yo siempre traté de huir de mi ciudad porque mi ciudad era un caos, para mí salir de mi casa al trabajo era, no sé, es como que uno tiene tantos problemas a veces en la vida que, bueno. Ya nomás salir a la calle y decir, no tienes problemas con todo lo que sucede alrededor. Entonces era terrible. Yo siempre traté, como que me fui a otra ciudad más pequeña a vivir, pero el tema eran los trabajos, que casi no había. Entonces siempre terminaba como volviendo a mi ciudad.

Entonces me voy para la casa de mi amigo. Mi amigo es agrónomo, agricultor, y él vivía en un lugar increíble, en una ciudad que se llama Teresópolis, pero él por sí vivía afuera de la ciudad porque él tenía su cultivo, trabajaba en el campo.

Yo decía, “no, yo me quiero quedar acá, es lo que necesito”. Necesitaba paz después de toda esa tormenta que estaba pasando allá en mi ciudad. Y bueno, me decía, “bueno Adri, ya se te va a cumplir el plazo legal que tienes acá en el país, ¿qué vas a hacer?” me dice. No, mira, yo casualmente pues había vivido esa situación, yo digo, “mira, a mí me pasó esa situación en Colombia y yo estuve averiguando mucho una fundación que se llama ANUR, que es el tema de los refugiados. Y también ayudan a inmigrantes. Yo quisiera saber cómo es el proceso”. Él me dice, “bueno, pero nos toca ir siempre a Río Janeiro porque aquí en Teresópolis no hay migración. Estamos a una hora y veinte más o menos de Río Janeiro”. Y él me empezó a hablar, mira, en Río Janeiro hay más oportunidades de trabajo. Yo ya tengo amigos. Yo le decía, sí, Juanma, todo bien, pero yo no quiero. Él me decía, Río Janeiro es como Cali, pero una Cali con playa. Yo le decía, no, yo no quiero eso. Mira lo que vengo viviendo en mi ciudad.

Yo no quería… algo parecido. Bueno, nos vamos arriba porque él también tenía que actualizar su documentación. Yo me fui, busqué por internet de que llegué a Brasil. La verdad, estoy muy pendiente como averiguando toda esa situación de cómo eran los papeles, la fundación, a dónde quedaba. Ya me había como informado mucho sobre esa fundación que es ANUR. Así la conoces a nivel mundial y ayuda a refugiados. Me enteré de ella también por una chica que era una psicóloga que trabajaba con migrantes. Así, por ese lado, me enteré de la fundación también.

Entonces, bueno, llego a Río, voy a la fundación, les cuento mi caso, lo que pasé pues, algunas cosas tenía, porque, bueno, también en ese tramo me robaron un celular y yo sé que pronto tuve que haber sido de esas personas. Logré rescatar algo de algunas conversaciones de una vecina que también me envió videos de cómo ellos me amenazaban, me insultaban. Ella me decía que denunciara, pero yo en un momento dije, denunciar en Colombia no sirve de nada. Además, en un momento de azar, así de desesperación, yo fui a un CAI de policía cercano y les dije mi situación. Y ellos me dijeron, no, vete. Ellos mismos me dijeron, “no, nosotros no nos vamos a meter ahí. Es mejor que usted vaya, se mude, busque dónde mudarse”. Entonces yo decía, nada. Hasta la misma policía me lo dijo, entonces no.

Me fui para allá, solucioné, me dieron información, me ayudaron, me asesoraron. Todavía no entendía yo el portugués, más no lo hablaba todavía. El trabajo me ayudó a entenderlo. Me asesoraron muchísimo, me ayudaron. Y bueno, entré a Brasil con estatuto de refugiada. Cuando yo estoy en Rio de Janeiro, nos vamos a quedar en un hostal.

Ya habían pasado dos meses que yo había llegado a la casa de mi amigo, yo ya estaba buscando trabajo, pero no me salía nada de trabajo, entonces ya tengo que trabajar, porque yo tenía ahorrado lo que había trabajado en Florianápolis, que fue donde llegué y ya se me estaba acabando. Entonces yo dije, no, yo necesito trabajar, envié hojas de vida, currículo en Teresópolis, nada que me llamaban, en Río Janeiro me dan cita, nosotros íbamos por un fin de semana nomás, Y a mí me dan cita como cinco días después. Entonces yo no me podía ir y volver porque era dinero que no podía gastar. Mi amigo me decía, no, pues quédate. Y nosotros también llegamos a un hostal en Río de Janeiro, pero que era de una colombiana que ya había conocido a mi amigo. Entonces nos daba como cierto precio, descuento. La señora fue re amable. Digo, una de las madres que tuve en Brasil nos dio descuento porque, bueno, era vivir en hostal.

Y en Río de Janeiro, que es todo muy costoso, me quedé por temas de documentación, y en la misma semana ya tenía tres propuestas de trabajo. Entonces me dijo, “no, yo sé que no te quieres quedar en Río de Janeiro, pero Adriana, pensalo, ves si te regresas a mi casa y decides esperar, yo no tengo ningún problema, pero pues tú misma dices,  que ya no tienes casi dinero”. Entonces yo como que la pensé y dije, nada, ya fue, me tocó quedarme en Río de Janeiro. Literal, yo tenía todas mis cosas a la casa de mi amigo, yo fui por un fin de semana, me tocó comprar como algo presentable para ir a trabajar, y sí, a la semana y media de estar en Río, yo ya estaba trabajando, estaba trabajando en una cocina, fui a la entrevista, le decía con mi poco portugués que sabía, le dije, mira, yo entiendo muy bien el portugués, no lo hablo, pero le dije que había trabajado mi experiencia. Les dije que no hay problema con mi documentación, está en curso, no me ha salido, estoy en proceso, le expliqué cómo era mi proceso de migración, le dije, mira, “yo estoy en proceso de refugiada aquí en Brasil, no tengo problema”. Sólo esperar a que salgan los documentos para poder, digamos, abrir luego una cuenta para pagar.

SE: ¿Y esa fundación cómo es? ¿Vas? ¿Te notas?

AB: Se llama NUR y ellos atienden refugiados. Me di cuenta que en Brasil hay mucha gente refugiada de todo el mundo, mucha gente de África, va muchísimo, hay venezolanos, pero la mayoría africanos.

SE: ¿Y cómo es la condición para que estés como refugiada?

AB: Tú vas a una cita con ellos, expones tu caso, ellos te asesoran, te dicen qué beneficios tienes, cómo te pueden asesorar legalmente para entrar en proceso migratorio, porque en Brasil la situación migratoria también es con policía federal, no es que vas a migración como acá, ya es documentación con policía. Entonces ellos me asesoraron, me ayudaron con la cita de policía, todo, y me dieron un documento provisorio que era como el estatuto mientras se resolvía mi situación migratoria por respaldo.

Te ayudan, ellos me tocó como explicar, exponer como mi… todo lo que me había sucedido en Colombia. Eso era como un testimonio. Este incidente que es real. Sí, que es real. El tema de que todo empeoró porque vi algo de que ellos con un tema de la policía y que no, o sea, fue totalmente accidente, estaba con mi amigo hablando y después eso, y es más, yo esperaba que todo se calmara para poder pasar a mi casa, me tocó esperar como una hora que se fuera hasta la policía, yo llego a mi casa después de una hora y media, casi a medianoche cansada, esperando que todo pasara para que ellos no me vieran. Ellos de pronto van a decir que yo les voy a decir algo y pasó justamente, esperé todo y a lo que yo llego a casa ellos están hablando que sí, que me insultaban, me decían cosas horribles, “ah, esa vecina, nos vio, es una zapa, ¿ahora qué vamos a hacer?” Y yo decía, “no, ¿pero qué? Yo no vi nada, yo decía, yo no vi nada”. Estaba en peligro.

Y es que esa fundación, cuando vas, cuando das tu hecho, te incorpora, te ingresan como refugiado. Y ellos te dicen, en cualquier momento vas a tener una cita, como… Sí, como un juez vas a testificar todo lo que te aconteció, dar testimonio y todo, pruebas. Te ayudan si tienes alguna condición médica, te ayudan con psicólogos. O sea, te asesora, te dan también clases de portugués, pero lamentablemente yo no podía porque yo, mira, tengo que trabajar y no podía. Y eso es totalmente gratis, la fundación lo que hace es sin costo.

Lamentablemente ellos ahorita con lo que, como ellos recién son donaciones, y no sé si es una ONG que nació, no sé si nació en Estados Unidos, desde que ascendió Trump, han reducido casi por poco las donaciones, casi cierran porque les dejaron de enviar dinero, digamos, desde el gobierno. Entonces ellos también, no solamente el gobierno de Estados Unidos, sino donaciones de todo el mundo, de países, de personas que donan. Entonces como que redujeron un poco sus actividades, pero siguen todavía y ellos están a nivel mundial.

SE: ¿Y eso te permitió quedarte en Brasil?

AB: Eso me ayudó. Me permitió quedarme año, casi dos años viví en Brasil. Después de eso, trabajando. Solo que también Río me ahogó. Contando porque también era como mi ciudad y también tiene su tema… Y es hermoso Brasil, como todo país tiene su belleza, hermoso su gente, pero está al lado malo que es la violencia, que en Latinoamérica yo creo que lo tiene muchísimo. Siento que de pronto Argentina no la tiene tanto, porque bueno, ahorita en Tandil no se ve así, y en Buenos Aires sí se ve, pero digo que en Brasil, en Río me pareció mucho más explícita la violencia, más de frente. Y son más grandes las ciudades.

SE: ¿Y cómo te viniste de Argentina, a Brasil?

AB: La verdad fue, en ese momento, casualmente cuando estaba en Río de Janeiro, que una amiga, la prima de mi mejor amigo, que hace años no nos veíamos, ella vivía en España, me dice, “estoy en Río de Janeiro, veámonos”. Yo, bueno, está bien. No conocía a nadie, llegaba a la ciudad y dije, pues voy a ver, a encontrarme al menos con gente que hable español, la gente amiga.

Me voy al hostal donde ella está viviendo y bueno, ella me presentó a las personas que conocía y en esas personas estaba la que es mi actual pareja, Lautaro, él es argentino de Tandil. Y era amigo de ella y me lo presentó y bueno, empezamos a salir como amigos todos. Isa, se llama amiga, ella se quedó como tres meses más en Brasil y bueno, ella se fue y yo seguí siguiendo al hostal, conociendo, me hice muy amiga de Lautaro. Y por eso yo termino en Tandil, el amor de Tandil.

Él estaba trabajando allá la temporada y empezamos después de nuestra amistad, empezamos a salir. Y a los dos como que bueno él, también viniendo de Tandil, de una ciudad tan tranquila había vivido en Buenos Aires pero estar en Rio de Janeiro vivir, trabajar allá el día a día es muy pesado llegamos a un punto que también dijimos no, ¿Qué es esto nomás? Y yo decía, imagínese, Cali es más o menos así, le decía yo. Nos ahogamos en esa ciudad de lo pesada que es, a pesar de lo lindo que también tiene.

Y decidimos irnos. Él empezó, ¿y si nos vamos una temporada para Tandil? Yo sé que allá también no está muy bien económicamente la situación del país, la pensábamos mucho. Pero nosotros necesitamos un descanso, o sea, yo ya no daba más psicológicamente porque, digamos, te digo, el trabajo de la cocina es pesado y a mí no me fue muy bien allá, o sea, fue muy pesado, Hubo un momento que en el trabajo donde yo estaba, que fue que maduré, hubo mucho, no sé, abuso de parte de un compañero que ya estropeaba mi trabajo, el de que una vez llegó, que yo paso y él me empujó y yo estaba haciendo algo, en la licuadora, la licuadora se abrió y voló todo. O media hora antes de mi turno me pone a hacer algo que nada que ver conmigo, esa persona. Entonces… había un hostigamiento terrible, terrible.Yo decía, pero qué, yo no quiero más, estoy cansada.

SE: ¿Y cómo entras a Argentina?

AB: En ese momento mi pareja se viene primero. Yo luego de Río me voy para Sao Paulo, que casualmente otro amigo por temas de trabajo lo trasladan a Brasil. Me quedo ahí, yo todavía no estaba al 100% convencida de irme para Argentina. Lo intento en Sao Paulo, pero nada, Sao Paulo es otra ciudad monstruo. Se me dificultó un poco el tema laboral, no encontraba, es carísimo, las rentas carísimas. Entonces, pues nada, yo tenía ya un pasaje para Argentina y dije, no, pues me voy para Argentina. Y me vine. Cuando llego, bueno, paso por Buenos Aires. Lautaro me estaba esperando en Buenos Aires, vamos a La Plata ahí nos quedamos un día y en La Plata nos viajamos para acá.

SE: ¿Y tuviste alguna dificultad para ingresar al país?

AB: No, fue nada, súper bien todo, entré normal, fue muy gracioso.

SE: ¿Entraste como visa de turista?

AB: Eso, entré como turista al principio.

SE: ¿Y cuánto tiempo te puedes quedar en Argentina como turista?

AB: Tres meses, que es lo legal como en todo país. Entonces también tenía que buscar qué solución así me voy a quedar, tengo que empezar a ver cómo hago el tema de la documentación. Fue muy gracioso porque cuando llegué al aeropuerto… A mí me preguntan, bueno, sí te preguntan para dónde vas, cuánto tiempo te vas a quedar, qué vas a hacer. Yo, no, vengo a visitar. Sabía que como que me venía a quedar, pero no dije del todo que me venía a quedar. No, vengo a visitar. Me pidieron la dirección y yo en ese momento no se la había pedido a Lautaro. Él me estaba esperando, entonces yo le dije, mira, es que no recuerdo la dirección. Yo en sí no vengo para Buenos Aires, yo voy para Tandil, le digo. El de migración, me dice, ay, en serio, vas para Tandil, se sorprendía que yo iba para Tandil, sí, qué raro, qué raro, por qué vas para Tandil, yo no tengo unos amigos, como que no lo creía, era muy gracioso. Y bueno, en eso llamo, llamo a otro amigo de Lautaro, que ya nos había visitado allá en Brasil y le pido la dirección porque Lautaro en el momento no me contestaba. La inmigración me decía que como que tranquila, no se desespere, pero no es por nada malo. Entonces, bien, me tocó una persona como que buena onda, amable, sí. Bueno, le doy la dirección, me deja pasar, como que, ah, mucha suerte. Y yo, bueno, gracias.

Y nos venimos para Tandil y en el camino me enfermo porque ya yo llego en mayo, en otoño y ya el frío. O sea, ni siquiera me ha llegado frío. Sí, fue como que yo ya en el bus venía hasta con fiebre porque llego a La Plata y yo decía, qué frío, ¿no? O sea, me enfermé. Me recibe así, Tandil me recibe con una gripe que duró dos meses. Sí, fue como que literalmente llego y me enfermo mal de la gripe, el frío, que todavía no me acostumbro.

Llego y bueno, y nada, llego en pleno otoño a conocer qué es el frío, qué es el frío, a conocer el frío (risas). Y bueno, también está, como que bueno, no me puedo dormir con el tema de la documentación. Yo siempre trataba de ser muy legal con eso, porque en todo país igual te cobran una multa, si tú te pasas de los tres meses, te cobran una multa. Entonces como que desde que llegué a Brasil siempre la tuve presente, que no podía pasarme por la multa, y yo no puedo pasarme tres meses por la multa.

Aquí, cuando llego, empecé a averiguar ONGs de pronto, sabiendo que me tocaba ir a Buenos Aires o a La Plata. Entonces, como conocíamos unas personas en La Plata, como que pregunté, fui a una ONG, creo que, no sé, era Derechos Humanos de aquí de Argentina, averiguar como que, mira, expliqué mi situación. Mira, yo fui refugiada en Brasil, quería saber si yo podía hacer ese mismo proceso, ¿qué no hago? Nada, me dijeron, mira, aquí… no, en estos momentos no hay presupuesto para nada, te toca ir a ti, averiguar por internet, todo. O sea, me dieron un folleto, entré a la página, pedí cita y lo que te pidan para las tasas, pero aquí el tema de refugio, no. No encontraba como a NUR, ya estaba en Buenos Aires, yo estaba en La Plata, entonces como que bueno. Sí, sí, sí. Hago documentación normal. Me toca, luego averiguo y me voy a Mar del Plata, que es la más cercana.

Bueno, y hago toda la documentación, pago las tasas, todo lo que me piden y nada, pagué todo y saqué la documentación, que justamente ya se me venció, ahorita estoy en proceso de gestionar la documentación para estar como residente.

SE: ¿Cómo es?

AB: Es no permanente, te dan una por dos años. Una residencia por dos años, que es como le llaman “una precaria” en sí. Que te dura dos años, que se me vence ahora en noviembre. Y bueno, ando en ese proceso y ya justo hoy estaba en eso. Llamé a una cita para esta semana para actualizarla.

SE: ¿La puedes renovar?

AB: La puedo renovar. Te la dan, no sé por cuántos años, si me la dan de nuevo por dos años o por cinco años. En Brasil era primero dos años y luego cinco años. No sé si aquí se da en ese proceso. Entonces creo que te la dan.

SE: ¿Y es una condición que tengas trabajo o no?

AB: Resulta que la primera vez no me exigían que tenía que tener trabajo porque yo estaba recién llegada, me tocaba pagar tasas, todo, pero esta vez para renovación, averiguando, me decían que sí tenía que tener trabajo. Yo en este momento no tengo trabajo fijo, digamos, trabajo en negro, digamos. Casualmente yo hasta mayo trabajé en blanco y cuando yo empiezo a hacer las averiguaciones, yo digo, no, ¿qué voy a hacer? ¿Cómo así que me exigen trabajo? Así yo haga, ahorita encuentre a alguien que me contrate en blanco, no me va a dar porque me pedían los últimos tres meses de pago. Entonces yo les envío un correo, les explico, mira, yo trabajo en negro, trabajo por horas, no sé, yo en el momento también digo, mira, no sé si voy a estar cinco años en Argentina, no hay otro tipo de documentación, no sé, otra por dos años, entonces ellos, bueno, me envían otro link que puedo hacer también. Pago unas tasas y bueno estoy en ese proceso pero si me estaban exigiendo un trabajo en blanco y yo decía pero como le van a exigir en blanco si aquí nadie lo tiene, ni los que nacieron acá, entonces yo ya me estaba preocupando porque decía de donde voy a hacer así.

SE: Adri, ¿y en estos dos años y medio que estás Tandil, te conociste con la gente de las colectividades?

AB: Si la verdad yo había escuchado por mi novio que él siempre me hablaba sobre las colectividades, sobre los eventos que habían, y yo, qué chévere, porque yo decía… Él tiene familia acá. Sí, él es de toda la vida aquí de Tandil. Entonces, me empezó a hablar de las colectividades. Yo siempre quería participar.

SE: ¿Y él participa con su familia en alguna colectividad?

AB: No, pero le gusta a él. Le gusta ir con los padres. Casualmente, el mismo año antes de yo regresar, meses antes, ellos habían ido a la colectividad, a las fiestas, entonces me comentaban siempre, “no, aquí hay una fiesta de las colectividades en varios países, feria gastronómica, cultural. Y yo ví que es lindo, que sería bueno participar, siempre como que hablábamos del tema. Pero yo al principio había averiguado y había que ser una colectividad, y yo empecé a averiguar, colectividad colombiana no existe en este momento, cuando llegué, pues de pronto como que sí la hubo, pero… En el momento que yo empecé… no había nadie.

SE: ¿Y te animaste a encontrar gente?

AB: Sí, entonces empecé como a investigar de nuevo. Les escribí por Instagram y yo, mira, ya no es necesario como tener la colectividad, formar una colectividad. Y ellos ahí me dicen que ya hay otro colombiano que está haciendo el proceso. Entonces yo como que no, pero entonces ahí que me dicen, no, ustedes pueden hablar porque él también ya venía preguntando. Y ya ustedes pueden entrar al evento, y no es necesario tener una colectividad como tal, pues una agrupación, sí, entonces claro, yo ahí empiezo a averiguar todo. Me encuentro con Germán Menacho, tenemos una cita, hablamos, él me comenta todo, la colectividad con el presidente actual, Néstor Pavic, y bueno, me comentan, y yo le digo que, pues para mí me parece increíble, porque aparte es algo, primero en lo gastronómico, que es lo que más me gusta.

Yo, independientemente por mi cuenta, aunque no siempre, pero estamos haciendo comida colombiana para vender los fines de semana, pues con mi novio, digamos. Y que lo tengan en las colectividades, el tema de la feria es algo único, porque es varios países, gastronomía de varios países, los bailes de diferentes países.

SE: ¿Así que te vas a animar a hacer un stand este año, a vender comida colombiana? solo gastronómico, o vas a bailar, cantar?  Porque veo muchos instrumentos musicales.

AB: (risas) No, no, no. Lautaro es músico. Lo mío es la cocina. Lautaro es músico, por eso ahí está. Nos reunimos con el chico colombiano. Y vamos a cocinar un poco los dos. César, que tiene la esposa que es paraguaya. Nos reunimos ya, nos encontramos, nos conocimos, y bueno, ya hicimos prueba y vamos a cocinar juntos, porque casualmente él también vende comida colombiana.

Entonces, bueno, ahí hicimos el encuentro, gracias también a Germán, porque yo colombiana solamente había conocido a una chica, y no más. Me dice, no, aquí hay un montón de colombianos.

SE: Contanos cosas típicas de Colombia. Para arrancar, la comida. ¿Qué comidas son típicas de Colombia? ¿Ingredientes? ¿Qué cosas te acordás vos de tu casa, por ejemplo?¿Por qué la comida es importante para vos?

AB: Digamos que… No sé, para mí la comida en Colombia es como unión, que también lo veo mucho acá, que aquí la gente hace los asados en la reunión. Te juntas a comer. Sí, y que es mucha variedad. O sea, Colombia tiene muchísima variedad. En mi ciudad siempre hay muchas sopas, se toman muchas sopas. Así en mi ciudad hace calor, pero hay que tomar sopa.  La verdad fue muy gracioso porque… yo no era la mayor, pero digamos que por ser, no sé, va a sonar muy machista, por ser la mujer de pronto yo creo que tenía ese rol. A mí desde los 11 años me introducen a la cocina. Mi padre, porque mis padres trabajaban muchísimo y bueno, entonces íbamos a la escuela y a veces no les daba el tiempo para dejar algo hecho. Ellos trabajaban todo el día, no podían ir al mediodía a cocinar.

Entonces mi papá, como que el que más tiempo tenía, nos iba a recoger al colegio y como que, bueno, te voy a empezar a explicar. Cuando ya tenía cierta edad para meterme a la cocina. Ah, sí, mi padre me enseñó a cocinar para ayudar en la casa.

SE: ¿Tu papá también es colombiano?.

AB: Sí, mi papá también es colombiano, mi padre y mi madre. Solo que mi padre es de Cali y mi madre es del norte de Colombia. Se fue desde muy chica para la ciudad, se alejó un poco de la familia y, digamos, por ese lado no tuvimos tanta conexión con la familia de mi madre. Con la familia de mi papá no fuimos tan unidos, no sé por qué, pero no fuimos como una familia tradicional colombiana que son muy unidos, no, pero tuvimos mucha suerte en el sentido que vecinos y personas cercanas para mí siempre fueron como la familia, digámoslo así.

SE: ¿Sopas de qué? ¿Sopas con qué?

AB: Hay un ingrediente muy típico, que allá es el plátano, el maíz, la yuca, que aquí le llaman mandioca. Se cocina con papas, porque hay diferentes tipos de papas también, entonces siempre está presente. Hay una sopa específica que le llaman zancocho, porque bueno, tiene papa, plátano, la mandioca, una proteína, ya sea carne, pollo, pescado, cualquiera de esas tres proteínas, y siempre va a tener, lo que haga siempre como que va a tener papa, plátano, mandioca y maíz, siempre. O ya si sea papa con plátano, pero siempre está muy presente el plátano, la papa y el maíz, y la yuca, que es la mandioca. Es como, haces un sudado, algo que se llama un sudado, que es como si fuera un estofado. También tiene que estar la papa, la mandioca y el plátano. Lleva carnes. Siempre es una proteína y, digamos, el revuelto. Le dicen ellos allá el revuelto a lo que es la papa, el plátano, la mandioca.

SE: ¿Qué carnes son las que consumen?

AB: Mucho de todo. Cerdo, vaca, pescado. Mucho pescado también porque Cali no tiene mar, pero estamos a cuatro horas del Pacífico. Tiene muchos ríos, entonces es una ciudad de muchos ríos, entonces hay mucho pez de río, entonces se come mucho pescado. También todas las preparaciones son como estofado, se llama sudado, pero es como un estufado de pescado, zancochos de pescado, sopas de pescado, se ve muchísimo también, entonces está muy presente. Colombia es un país muy religioso, muy católico, entonces en Semana Santa se come pescado, por ejemplo. Entonces en la gastronomía cambia ahí el tema con la religión muy acompañada.

SE: ¿Y qué otra cosa típica, típica de Colombia?

AB: La comida callejera, tienen muchísima comida callejera, que le llaman la fritanga. De mi ciudad, por ejemplo, hay empanadas, a diferencia de las empanadas argentinas, con harina de maíz, vienen rellenas de carne desmechada, siempre es carne desmechada, no molida, picada, como le llaman ustedes. Utilizamos mucho plátano, entonces está el plátano maduro y el verde. Entonces, con el verde se hace algo que se llama patacones y algo que se llama maduro aborrajado. Entonces es el maduro borrajado, la empanada, hay algo que se llama marranitas, que son de plátano, como una masa de plátano y relleno. Todos son rellenos. Y mucho a la calle. Y en la calle, que la gente vaya haciendo cosas y compra ahí. Eso, vamos a comer las empanadas de Doña Tita, digamos. Y entonces se van a comer las empanadas y venden todos los fritos típicos que son de mi ciudad. En puestos de la vereda. En la vereda o en puesticos así de casa, muy cortos. También hay mucha costumbre de la casa, afuera de la casa tú sacas algo a vender. Como que vas a una mesita en la puerta de tu casa. Eso sí tiene Colombia, que aquí no lo he visto mucho, y eso aquí va a Buenos Aires, y bueno, eso ya tiene comida callejera, pero en mi ciudad como tal, tiene muchísima comida callejera.

También es en parte el tema, bueno, como todo, que todo es político, y que… la gente, si no tiene trabajo, hace lo que sea. Entonces digo que la comida para mí, ahorita viendo lo que yo viajé a Brasil, que estuve, bueno, desde pequeña, más joven estuve en Venezuela y ahora Argentina, es que las personas allá como que si no tienen un trabajo en blanco, o sea, sale a vender lo que sea, comida, pero comida, tú encuentras comida en todo lugar de Colombia porque la gente vive de eso: es la señora de las arepas, las arepas algo también.

Yo siempre crecí con el tema de las arepas, por una vecina, por la bisabuela de una amiga. Yo me acuerdo que ella le pagaba a mi hermano para que le moliera el maíz y ella salía a vender en la esquina de su casa. Nosotros siempre teníamos arepas todos los días para el desayuno, para la comida. Siempre había arepas, y en todos los barrios de Colombia, también en mi ciudad, hay la señora de las arepas. Que la usan para desayunar, para cenar, para todo. Para todo, porque esto también va relleno. Le puedes poner cualquier cosa, es como un pan pero de maíz. Entonces, tú la encuentras también en todos lados, todos los días. Y bueno, y de panadería también, muchísimos, muchos panes típicos de allá. También es siempre de desayunar siempre en un barrio en cada barrio así en un barrio puede haber muchas panaderías también en cada cinco cuadras puedes encontrar una panadería entonces tienes todo ahí en el mismo barrio, en cualquier lugar acá también. Pero allá es todo calientico o sea, allá les encanta todo caliente acá es frío, viste, acá es frío sí, y hace frío allá hace calor y les encanta el pan caliente. Todo caliente, todo tiene que ser caliente los panes más ricos si recién salió el horno siempre es pan caliente la torta rica caliente.

SE: ¿Y el clima en Colombia?

AB: Varía muchísimo, depende de donde estés. En mi ciudad sí hace calor porque estamos a cuatro horas del Pacífico. Entonces tenemos muchos ríos eso sí también extraño mucho porque si mínimo una vez trataba de ir a algún río porque es dentro de la ciudad, no tienes que irte muy lejos y te vas a meter. Bueno, algo muy típico en mi ciudad que es de toda la vida también que crecí con eso, el tema de ir a ríos los domingos digamos que era los domingos en familia. Así mis padres trabajaban, los domingos tenían libre y era a veces ir al río.

Y allá hay una tradición en mi ciudad que es los domingos le llaman el paseo de olla. Que era los domingos ir al río y llevar una olla y hacer un sancocho en la sopa. Como ustedes el asado, nosotros llevamos la olla. Así le llaman el paseo de olla. Es muy gracioso porque nosotros no lo hacíamos mucho, pero digamos que íbamos con otras personas, armamos un grupo y alguien siempre llevaba la olla para hacer el sancocho. O siempre ibas al río y había familias haciendo el sancocho en leña, y el río era como que los domingos el paseo de olla, es muy típico de mi ciudad. El sancocho viene siendo una sopa. Es sopa, sopa. Sopa, solo que es un poco más espesa porque tiene mandioca, tiene papa, tiene plátano, tiene salmón, suelta, maíz, y ya sea de pollo o de carne, entonces…Eso por eso yo extraño. Incluso que estuve en Brasil, extrañaba muchísimo la comida de Colombia, porque, bueno, en Río también, en Río no encuentras mucha variedad, digamos, como tal. Tienen muy buena gastronomía Brasil también, pero en ciertos lugares. Río, casualmente, el lugar donde fui, ¿no? tienen un arroz y alguna proteína y ya. Es como que no vas a encontrar una sopa de pescado, todo es apanado, un camarón es apanado, cosas así. En cambio en Colombia, mi ciudad como está muy cerca al Pacífico, tiene muchas influencias también de comida del Pacífico. Entonces son mucho con coco, camarones, así con leche de coco, las sopas de pescado normal las suelen hacer con leche de coco también.

SE: ¿Y después cosas culturales de Colombia?

AB: Cuando yo salgo de Colombia y voy a Brasil, lo primero que me impresiona es el tema del transporte público, empezando ya por ahí, aunque no funcionaba tampoco 100%, el tema de la salud también.

Nosotros en Colombia no tenemos nada. O sea, no tenemos salud, no tenemos educación, no tenemos acceso tampoco a la vivienda. Está todo privatizado. O sea, es muy raro porque le llaman. Yo todavía estudié en escuela pública, pero mis padres pagaban. O sea, las escuelas públicas, los jardines infantiles son públicos. Hay privados también, pero tú pagas. No es gratuito. No es gratuito. Entonces, por eso digo, mis padres, yo crecí sin mis padres porque mis padres todos trabajando de lunes a sábado. ¿Te vas a la escuela? Totalmente. Tenías que pagar alimentación, la escuela, uniforme útil, salud, porque la salud tienes que pagarla también. Entonces, cuando yo vivía en Venezuela y cuando me regreso yo voy convencida de que yo puedo entrar a acceder a la universidad pública. Hay universidades públicas, pero son muy difíciles. Hay 30 cupos por carrera.

Cuando salís de la escuela haces un examen que se llama IFES, que te da como el puntaje para poder acceder a la universidad pública, si podés. Y de ahí tienes exámenes que tienes que pagar la matrícula asi no vayas a quedar, matrícula, inscripción, y el examen lo tienes que pagar, ir a presentar y aún así ver si quedas. Y son como cinco días de exámenes, porque eso fue lo que yo vi cuando regresé a mi país. Yo fui convencida, yo en Venezuela estaba estudiando arquitectura y me regreso y dije, no, yo sé que yo puedo entrar porque ya sé. Yo antes de irme presenté el examen y no quedé. Yo regreso a Colombia y dije, no, yo vuelvo y hago las pruebas y no. Y me doy cuenta también que no es tanto mi… lo intelectual sino el tema de acceder porque el primer día eran como 600 personas para 30 cupos nomás o sea y eran tres días de examen. Hay una estrategia de eliminación que tienes que sortear, que no es saber de arquitectura nada más.

Es una ciudad que es la única ciudad que tiene universidad pública y de esa universidad, de esa ciudad, vienen otras de gente del pueblo, de otros corregimientos que van a mi ciudad a presentarse para poder entrar a estudiar. O sea, el acceso a la educación es difícil, la educación superior. Yo intenté ya luego pagarme… un instituto, las universidades privadas son carísimas, son muy caras, son impagables, o sea, hay personas que piden créditos, al Estado, que es ridículo. El Estado tiene una organización que se llama LICETES, pero te cobra muchísimo el interés, y yo conozco gente que hace 10 años está graduada y todavía sigue pagando su carrera, o sea, es así. Yo luego entro a trabajar en diseño gráfico porque igual yo la gastronomía no la empecé desde muy chica en el sentido laboralmente.

Yo empiezo a trabajar en diseño gráfico y ya estaba muy metida en diseño gráfico y empiezo a estudiar. A ver, como que bueno, yo necesito estudiar, quiero estudiar porque quiero ser profesional, o sea, quiero hacer algo más. Como estaba muy metida en el diseño gráfico, empiezo a averiguar institutos que son un poco más, digamos, accesibles. En ese momento averigüé y entró la opción de estudiar publicidad. Averigüé algo accesible. Yo dije, voy a averiguar. Pago la inscripción, pero no puedo entrar a estudiar en el momento porque no me alcanzaba para pagar el semestre. Luego vuelvo y pregunto y hay como bancos, una feria de bancos a ofrecerte créditos para poder estudiar. En ese momento tenía trabajo, tenía como presentar papeles que podía pagar. Y bueno, digo, bueno, será eso, meterme a un banco. Pero el banco te prestaba, pero vos pagabas mes a mes al banco, no era con la universidad. Pero no, los intereses que te es imposible…

O sea, yo por eso también vivía cerca del trabajo, porque si me toca pagar transporte público, no voy a vivir. Yo pagaba renta. Ganaba un mínimo, pagaba renta, pagaba universidad. Yo llegué a un momento que no pude seguir pagando. Me endeudé, me salí a estudiar, quedé con la deuda. Me llamaban todos los días del banco, paga, paga, paga. Eso fue terrible. Yo dije, en mi vida, no me vuelvo a meter en un banco. Porque, como te digo, ya vivía sola. Que en un momento me fui a vivir a un lugar… Y como que una vez el banco me llama y dice… Ah, si pagas tanto… Te saldamos la deuda… Yo casualmente me había salido del trabajo… Tenía un dinero… Y me había ido a un lugar donde ya tenía heladera…Lo que hice fue vender mi heladera… Para esa plata… Vendí un montón de cosas… Y dije… Mi vida, prefiero no estudiar… a endeudarme con un banco…

Lamentablemente en Colombia es muy difícil, es muy difícil. Cuando yo llego a Brasil y veo el tema de la salud, veo el transporte, que para mí fue maravilloso, pero cuando ya viendo allá me doy cuenta que no es maravilloso. Yo salía a hora pico y no, yo era una hora en la estación del metro en Río de Janeiro porque era imposible entrar. Yo diciendo que hubo buen transporte, pero al final no es un buen transporte porque hace falta mucho más, pero igual vivía muy maravillada. El tema de la salud en Brasil también es gratuito. Así no tengas documentos, te atienden, seas extranjera, si vas de visita y te pasa un accidente, porque lo viví con una chica colombiana que accidentó y era de turista, y la atendieron, ambulancia, todo, no le cobraron nada, la atendieron.

Yo llegué a usar el sistema de salud allá, normal, no es el mejor, pero bueno, te atienden bien, te dan todo. También me di cuenta del tema de la educación que era gratuita. Pero bueno, yo ya no pensaba con el momento cómo estudiar y ya estaba muy metida en la gastronomía y la gastronomía en ningún lado vas a encontrar. El tema me doy cuenta porque yo jamás había pensado como lo de Argentina ni nada. Cuando yo me di cuenta, llego a Buenos Aires también y voy a visitar, mi pareja tiene unos amigos ecuatorianos en La Plata, que él vive en La Plata, y nosotros vamos algunas veces a La Plata. Ahí es donde yo me di cuenta que yo no sabía que Argentina tenía educación pública gratuita. Entonces, ahí me entero que de razón hay tanto gente de Colombia, de Ecuador, de todos lados que se venían a estudiar aquí. Y yo decía, no, no sabía yo, ¿por qué nunca supe? Pude haber evitado el banco, haber viajado antes y haber estudiado una carrera. Eso fue como que mi pensar cuando me doy cuenta del tema de la educación gratuita acá, de la salud también, que no está en sus mejores condiciones, pero está. Para mí me doy cuenta que digo, no, en Colombia nosotros no tenemos nada, definitivamente.

O sea, es como que fue un choque así, uno como que sobrevive. Ahí también entendí mucho, o sea, yo desde los 16 años prácticamente vivo sola.  Entonces, decía, antes mis padres, no sé cómo pidieron, pero fue una vez también, de pronto, una discusión con mi mamá, me decía como que, “Yo, te di educación”, y yo decía, qué educación, pero claro, no lo pensaba, porque sí me di educación, porque pagaban por eso, o sea, ella me lo dijo, yo no te puedo dar universidad, ustedes de ahí adelante, ustedes verán qué haces, eso fue lo que, sí, hasta donde llegué.

Por eso te decía, nosotros no fuimos una familia tradicional colombiana, porque la familia tradicional colombiana es muy unida, muy… Igual, yo siempre respeté a mis padres, y hay un respeto hacia los padres increíble, y tengo amigas que viajaban y se hablaban todos los días con la mamá, y todo el tiempo con la mamá, y yo no me crié así, y como yo viví muchos años sola, me había ido a otro país, me hablaba con ella, pero en esa época no teníamos teléfono, era como yo ir a una sala de internet, a un teléfono, llamarla… Y yo trabajaba de lunes a sábado, como te diría, trabajaba de estudiantes, como que no tenía mucha comunicación con ella cuando vivía por fuera del país.

Digamos que en esa parte fui muy alejada de la familia, pero me hablo con ellos. Pero hubo otras personas, mis vecinas. Tengo una vecina que fue como mi abuela. No tuve tampoco abuela porque abuela materna vivía, la conocí a mis 16 años, entonces no tuve como esa unión o esa familiaridad con una abuela, mi abuela paterna.

SE: Bueno, vos sabés que las Colectividades empiezan así como amistad, como una familia. Y se acompañan, y los une la comida, porque se van juntando a comer, o a vender comida.

AB: Total, y es eso, porque antes que mi familia no fue tan unida, siempre el tema de la comida nos unía, siempre… Era como que, bueno, vamos a almorzar cuando estábamos juntos, vamos a cenar cuando estábamos juntos. Claro. Entonces siempre la comida es la que nos une, digamos, siempre en todos los lugares donde yo voy. Las veces que viajaba es como, ¿qué nos vamos a cocinar? Y ese era mi plan con mis amigas de mi ciudad. Era el tema, vamos a cocinar. Siempre era Adri cocina. Adri cocina. Siempre era como el plan de cocinar, cocinar. Eso como que para mí la cocina es eso, es unir, ¿verdad? Es unirse con la familia, con los amigos, con la gente. Para mí la gastronomía hace eso, tiene esa magia, independientemente.

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