Entrevista a Félix Isidro Legarreta – Vascos


SE: Como empieza la historia de los Legarreta en Argentina? Quiénes son los primeros en llegar?

Los Legarreta en Argentina vienen de mucho antes que yo. Debe haber más Legarreta acá que en el País Vasco.

SE: Usted se vino con sus padres?

No, mis motivos para venir a argentina fueron políticos, yo pase al exilio después de la guerra, estuve tres años en Francia y después me reclamó un hermano de mi padre que vivía cerca de Tres Arroyos. Pero los primeros Legarreta que vinieron fueron hermanos de mi abuelo.

SE: Qué edad tenía cuando vino?

Deserté del ejército a los 21 años, y me escapé, así que cuando llegué acá tenía unos 25 años.

SE: Cuando ud. deserta del ejercito su familia sabía a dónde se iba?

Sí, claro. Yo estuve preso allí primero, y me escapé del juzgado militar número 1 de Bilbao. Pasé a Francia donde estuve tres años. Cuando vine a la Argentina, en el primer gobierno de Perón, si a uno lo reclamaba un pariente, podía quedarse.

SE: Que significaba reclamar?

Que alguien garantizara que tenía los recursos para hacerse cargo de la persona que venía.  Así que vine para Tres Arroyos, de ahí a Necochea, donde estuve 5 años. Y de ahí a Tandil.

SE: Como hizo con el idioma?

El idioma bien, de hecho fui el primero en dar clases de euskera en Necochea. En aquel entonces éramos dos, un profesor universitario en Buenos Aires, y yo, con mi sexto grado.

SE: Cuando vino acá hablaba solo vasco?

Hablaba vasco, español y francés. A Francia fui sin saber decir nada. Tuve que aprender.

SE: Que recuerdos tiene de Argentina en ese momento?

Era totalmente distinto a lo que es hoy. Buenos Aires, su gente me pareció con una amabilidad absoluta, muy bien vestidos, de sombrero, boina, traje, corbata, a diferencia de hoy. Esa fue la sensación que a mí me dio al venir de Francia donde andábamos de camisa y pullover. Acá estábamos más avanzados. Al llegar acá me pareció un señorío total.

SE: Construyó una familia?

Cuando estuve en Necochea y me vine a Tandil, estaba soltero, pero de novio con quien sería mi mujer.

SE: Ella es vasca?

No, nieta de vascos, mas bien del lado francés, y nosotros somos de la península. Tuvimos tres hijos. Y tenemos cuatro nietos.

SE: Cuando viene a Tandil como se arma el tema de la colectividad?

Éramos del centro vasco de Necochea, no fui fundador porque ya estaba fundado cuando fui.  Venía a Tandil a enseñarles a hablar, así que ya había una relación con Tandil. Con una familia de Vascos habíamos hecho una relación importante, por el origen vasco, y yo vine para hacerme cargo de la gerencia de la Sociedad Rural, y había un grupo de gente que estaba por armar una sociedad y entonces, antes de hacerme cargo de la Sociedad Rural vine como Tenedor de Libros en una empresa, después llegué a la gerencia.  Así que he participado en la fundación de diez o doce empresas, pero siempre manteniendo con el país natal toda la relación posible. Aguantamos 40 años de franquismo y yo no pude volver hasta que no cayó Franco. La primera vez que fui fue en el año ’60. Después he ido casi todos los años. Después de estar 22 años ausente, que es algo que no me perdono a mí mismo.

SE: Cómo volver al Pais Vasco y reencontrarse con la familia?

Mire, cuando yo pude entrar a Francia, me encuentro con el padre Iñaki de Azpiazu. Fue un cura exiliado por el régimen de Franco y que hizo una tarea muy importante en los primeros tiempos de los sacerdotes obreros, y en la parte de Barracas, de Buenos Aires. Hizo una labor muy buena en lo social y eso. Con él me encuentro en París, de París fuimos a la frontera, nos presentamos en el consulado, esperamos unos ocho o diez días y nos denegaron la entrada como “indeseables”. Ahí estuvimos un mes y pico. Él iba al juicio de un nazi. El iba a cubrir el juicio a Eichmann como notero del correo de la tarde, periódico que editaba Manrique. A los dos años yo estaba viviendo en Normandía donde se produjo el desembarco de los aliados, y después de sesenta años yo fui a reconocer lo que quedaba del lugar donde había vivido, y cuando llegué me encontré con una ciudad enorme, me habían borrado hasta la estación del ferrocarril. El hotel donde paré la primera vez tampoco estaba. Después me entere que el ferrocarril hacía años que no llegaba más.

SE: Y encontró a su familia?

Sí, eso fue terrible. Iba con mi hija mayor, su esposo, y mi mujer. Yo había vuelto en los 60. Los habíamos encontrado, y todo. También familia de exiliados, uno de ellos escapó del servicio militar, porque los mandaban a morir a Marruecos. El señor de la casa era un industrial maderero importante. Tenía aserraderos, y tenía 17 camiones, por eso yo aprendí a manejar ahí.

SE: Recuerda esos primeros encuentros?

La primera vez reconocí a mis amigos y parientes, aunque no pude pasar la frontera, estábamos en un hotel,  y ahí nos iban a ver.  Mi mujer y mis hijos habían podido pasar porque llevaban pasaporte argentino, ellos se hospedaron en la casa de mi familia, y yo me quede del otro lado de la frontera esperándolos.  Cuando ya podía ir y venir libremente, hicimos el viaje por vía aérea directamente a Madrid, de allí hasta San Sebastián. Y ahí me estaban esperando todos los familiares. Éramos 22 familiares directos! Hermanos, hermanas, y sobrinos. Muy amarga la llegada porque en aquella época si bien ya había caído Franco, seguía el régimen franquista, y el País Vasco parecía un lugar ocupado. Y cada 3 o 4 km nos paraban los soldados apuntándonos, nos hacían bajar de los autos, registrándonos, dándonos permisos, etc. En uno de los pasajes, la primera comida que hago con la familia, invito a toda la familia, y hacemos un alto en un restaurant que era famoso pero en el camino, nos pararon y nos detuvieron a dos sobrinos. Se los querían llevar. Hicimos una cantidad de gestiones, llamábamos por teléfono a una autoridad que conocíamos y por fin lográramos que lo soltaran. Y en ese ambiente fue el banquete.

SE: Volvió muchas veces mas después?

Sí, casi todos los años. Pero después de haber pasado casi 22 años sin ir. Tuve buena suerte porque el gobierno vasco en ejercicio me nombró presidente del Instituto Vasco Argentino de Cooperación y Desarrollo que había formado en Buenos Aires, hasta que se consiguió la delegación, lo cual es ahora, y al estar a cargo de eso, el gobierno me regalaba todos los años un viaje allá. Porque teníamos una lucha enorme en Buenos Aires, porque Argentina nos dio todo enseguida para formar la delegación, pero Madrid no.  La delegada al principio era una chica que mandaron de allá. Después cayó el gobierno nuestro, asumieron los socialistas, y la cambiaron. Al formarse la delegación se disolvió el Instituto.

SE: Que es lo que se busca preservar de las raíces, los orígenes?

Son las costumbres. Uno puede pensar: el vasco para qué? Si no lo habla nadie… sin embargo, ese derecho de pertenecer a algo que uno cree útil, es lo que nos hace llevar a todos  las raíces del pueblo vasco, que es chiquitito.

SE: Quien le enseñó a su mujer a cocinar los platos vascos?

Su afición supongo, y el hecho de que yo le haya insistido con comer platos vascos. La comida para los vascos es uno de los primeros mandamientos. Ella tuvo que aprender porque su familia también era aficionada a la comida, y por suerte, luego de viajar tanto y relacionarse tanto con el país Vasco, pudo aprender.

SE: Cuál es la comida vasca que más le gusta?

Todos los potajes. No soy mucho de pescado, sí de mariscos. Acá hay un pescado que me gusta más que todos los de allá, el Pejerrey. De allá, la merluza en salsa verde o bien rebosada, y el besugo. Pero allá es uno de los pescados más caros. Para navidad es el plato favorito. Vale dineral en esa fecha.

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