Programa Universidad en la Cárcel

La presencia de la UNICEN en las cárceles de la región se registra desde mediados de la década de 1990, con diferentes inserciones, acciones y (dis)continuidades. En los últimos diez años, las propuestas académicas han sido sostenidas a través de la oferta de carreras de grado de las facultades de Ciencias Sociales y Derecho, y la conformación, en 2012, del programa “Universidad en la Cárcel: Desde la resistencia cultural” que articula diferentes propuestas de extensión y apoya las tareas de formación de las Unidades Académicas.

Las propuestas de trabajo de la universidad ingresan al ámbito carcelario con una perspectiva que concibe a la educación como derecho humano y a la universidad pública como institución que asume la tarea de generar espacios para el goce de este derecho. Este posicionamiento discute de lleno el que se sostiene desde las políticas penitenciarias, que piensan a la educación como “re-inserción” o “re- socialización” y la ubican como una “herramienta” al servicio de “tratamiento” del detenido.

La UNICEN se asume propositivamente como actor social relevante en la región en el acto de garantizar el derecho a la educación superior de todos los habitantes y ocupa un papel central en la promoción de la cultura. Esta misión busca además alcanzar como destinatarios a los hombres y mujeres detenidos en las cárceles de la región. Así, la cárcel se constituye explícitamente en un ámbito de intervención de la Universidad. Esta presencia se da desde un discurso inclusivo que demanda políticas y prácticas que acompañen esa pretensión de inclusión, entendida no sólo como acceso sino como permanencia y graduación, en el caso de las carreras de grado. Para esto, las facultades que ofrecen carreras organizan e implementan clases, tutorías, proveen materiales de estudio y diferentes recursos en aulas universitarias en las unidades penales. Estos espacios, de uso exclusivo de los universitarios, se constituyen en el enclave desde el que la universidad se proyecta hacia el interior de la cárcel.

La Universidad además, diseña otros caminos, los de la extensión, para llegar y promover encuentros, construir sentidos con poblaciones que han sufrido en gran medida, vulneraciones a sus derechos, entre otros, el del acceso a múltiples campos de la cultura. El acceso y disfrute a la cultura es un derecho humano que como sociedad y como institución estatal asumimos con convicción y decisión, y en particular, el acceso, producción y uso de los diferentes lenguajes artísticos.

Por ello, desde 2014, hemos creado el Centro Cultural Itinerante “El Musguito”, un centro cultural que desafía múltiples obstáculos y crea nuevos sentidos. Obstáculos que se relacionan no solo con la condición de encierro. En un radio de 300 Km la UNICEN se ve convocada a realizar tareas destinadas a personas detenidas en nueve unidades penales. La amplitud y extensión del territorio así como el número de cárceles da cuenta de un primer obstáculo: de qué modo llegar a estos múltiples espacios, cómo atender una necesidad de acceso a bienes culturales, a producir y disfrutar la cultura en tan diversos y distantes escenarios.

A lo largo de los tres años que viene desarrollando sus actividades, el Centro Cultural Itinerante cuenta con talleres de teatro, de radio, de yoga y agroterapia, de mosaiquismo, ciclos de cine debate, festivales de cortos, jornadas y festivales artísticos, talleres y charlas, muestras y exposiciones que transitan por diferentes unidades penales. Se han podido concretar y dar a conocer producciones artísticas de estudiantes detenidos, un cd de rap y un libro de poesías, así como hacer escuchar su voz a través de un programa de radio que sale al aire por la radio de la universidad y dos boletines (gráficos) que se distribuyen mano en mano y se publican en la web.

En esos encuentros, algunos prolongados en el tiempo, otros ocasionales, la palabra y los afectos circulan ocupando los intersticios en los que se construyen sentires y decires de sus protagonistas y en los que el nombre propio emerge en primera persona.

El CCI nace en el marco del Programa Universidad en la cárcel: desde la resistencia cultural. Esa segunda parte “la resistencia cultural” es uno de los sentidos que esta tarea asume desde el inicio, nos interpela, nos desafía.

La cultura es un campo de lucha y desde ahí elegimos presentar batalla.