Ensayo: Actualidad y vigencia del pensamiento humanista de Ernesto Sábato, de María Matilde Balduzzi

Quedamos en vernos pronto, de Nélida Torres Baltazar (Villa Gesell). Tercera mención
Quedamos en vernos pronto, de Nélida Torres Baltazar (Villa Gesell). Tercera mención

Actualidad y vigencia del pensamiento humanista de Ernesto Sábato, de María Matilde Balduzzi  (Tandil)

Primer Premio Ensayo – Concurso Nacional Literario Universo Sabato UNICEN

(IMAGEN: Quedamos en vernos pronto, de Nélida Torres Baltazar (Villa Gesell). Tercera mención Concurso Nacional Plástico Universo Sabato)

Hay días en que me levanto con una esperanza demencial,

momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana

están al alcance de nuestras manos.

Ernesto Sábato: La resistencia.

 

Resumen

El trabajo que aquí se presenta no es una biografía o una reseña de los hechos más significativos de la vida de Ernesto Sábato, tampoco se propone un relevamiento de su contribución a la cultura nacional como escritor de ficción, como ensayista, y como personalidad destacada de la vida pública argentina del siglo XX. El propósito que guía este ensayo es delinear algunos rasgos de su pensamiento, un pensamiento humanista que perdura, que conserva su vigencia y que nos interpela, como individuos y como sociedad, en las primeras décadas de un siglo en que parece agudizarse la crisis que tan lucidamente señaló y profundizarse los rasgos de deshumanización que describió con claridad. Se abordarán, fundamentalmente, dos problemas centrales que atraviesan toda la obra del escritor: el problema del desarrollo científico-tecnológico con sus efectos en la vida cotidiana y el problema de la intersubjetividad y la comunicación, puntualizando las influencias filosóficas que atravesaron su obra en distintos momentos de su producción. El trabajo se centra en los aportes que conservan vigencia para nuestra generación y las futuras.

Presentación

Sintetizar en un breve ensayo los avatares de una vida compleja, de una gran profundidad y riqueza como la de Ernesto Sabato, sería un propósito no sólo inviable sino, hasta cierto punto, irreverente. Sería difícil, asimismo, reseñar en pocas páginas sus aportes en diferentes áreas de la producción cultural: la literatura, la pintura, el pensamiento filosófico y social, y su compromiso público como presidente de la Conadep durante el restablecimiento de la democracia en nuestro país, que diera lugar a un informe decisivo para la defensa de los derechos humanos y las instituciones republicanas. Por estos motivos, el trabajo que aquí se presenta no adopta el carácter de una biografía ni el de una reseña de los hechos más significativos de su existencia; tampoco se propone un relevamiento exhaustivo de su contribución a la cultura nacional como escritor de ficción, como ensayista, o como figura pública notable de la vida política y cultural argentina del siglo XX. El propósito que guía este ensayo es, fundamentalmente, delinear los rasgos de un pensamiento humanista que perdura, que conserva su vigencia y que nos interpela, como individuos y como sociedad, en las primeras décadas de un siglo en que parece agudizarse la crisis de un sistema social, político, económico, que Sabato tan lucidamente señaló, así como profundizarse los rasgos de deshumanización que describió con claridad. Esta situación reclama nuestra responsabilidad y compromiso con nuestros contemporáneos y con las generaciones que nos sucederán. Son precisamente esos atributos –responsabilidad y compromiso- los que generaban en él un sentimiento de esperanza.

Se desarrolla, a continuación, la problemática central del pensamiento de Ernesto Sábato considerando dos ejes conceptuales: el desarrollo científico-tecnológico y sus derivaciones, y los obstáculos que la sociedad contemporánea opone a la intersubjetividad y la comunicación. Se sitúa, luego, el pensamiento del autor considerando sus referentes filosóficos en el marco del contexto histórico en el que escribió. Finalmente, se analizan las anticipaciones del autor y el legado de su pensamiento para nuestra generación y las sucesivas.

El desarrollo científico-tecnológico y la vida cotidiana

Una de las mayores preocupaciones de Ernesto Sabato, expresada tanto en sus ensayos como en su obra literaria, gira en torno a los cambios que produjeron los descubrimientos científicos y tecnológicos a partir de las últimas décadas del siglo XIX pero, sobre todo, durante el siglo XX. Particularmente, se detiene en las transformaciones operadas en la vida cotidiana de hombres, mujeres y niños.

Conocedor, desde adentro, del conocimiento científico –por haberse dedicado en su juventud, con méritos reconocidos, a la investigación en el campo de la física- tomó la necesaria distancia para no quedar atrapado por la fascinación que producían los logros de la ciencia y su aplicación en las más diversas áreas. Pudo así, analizar sus consecuencias.

En su primer ensayo –Uno y el Universo– publicado por primera vez en 1945, advierte ya un desencuentro entre “el profesional y el profano”, desencuentro que atribuye al desarrollo de la ciencia. Plantea allí inquietudes de tipo gnoseológico acerca de las posibilidades y los límites del conocimiento científico para aprehender la realidad. Particularmente, le preocupa a Sabato el creciente poder y abstracción de la ciencia, a la que ve, a mediados del siglo XX, alejada del hombre común, de sus inquietudes y necesidades. Señala, en ese primer ensayo, que la ciencia, cada vez más abstracta y analítica, deriva en una variedad de aplicaciones que conducen a una veneración lindante con la sacralización, ignorándose, frecuentemente, ese distanciamiento de las preocupaciones del “hombre concreto”. El poder de la ciencia, nos dice, “se adquiere gracias a una especie de pacto con el diablo: a costa de una progresiva evanescencia del mundo cotidiano” (op. cit., p. 31)

Pero, ¿a qué se refiere Sábato con la expresión “hombre concreto”? En varios ensayos, sobre todo a partir de Hombres y engranajes, explica el sentido de esta expresión. Podemos afirmar que Sabato habla de lo que hoy llamaríamos “subjetividad”, término que los pensadores actuales encuentran difícil de definir, pero que podemos vincular a todo aquello que es inherente a nuestra condición humana: sentimientos, emociones, aspiraciones, proyectos, anhelos, fantasías. En este sentido, Sabato ve en la progresiva abstracción, tendencia analítica y objetividad del conocimiento científico, un alejamiento del ser humano común, “de carne y hueso”, quien, mientras atraviesa las circunstancias singulares de su vida cotidiana, se enfrenta en algún momento a los grandes interrogantes que, en todas las épocas, han desvelado a la humanidad: el sentido de la existencia, la búsqueda de lo absoluto, el problema ético; y es confrontado a la conciencia de finitud, a la angustia ante la certeza de la propia muerte, a la soledad, y a dilemas morales: el bien y el mal, la responsabilidad frente al otro, la ambición, el afán de poder. “Casi nada de lo más importante del hombre es apto para la lógica – dirá Sabato, ya en su vejez, en una entrevista con Carlos Catania (2003) – , ni los sueños, ni el arte, ni las emociones, ni los sentimientos, ni el amor, ni el odio, ni la esperanza, ni la angustia” (op. cit., p. 100). En esa entrevista, reitera su constante preocupación por la situación del hombre concreto, al que ve despojado de sus atributos esenciales por la idolatría científica y la alienación tecnológica, que, afirma Sabato, nos ha llevado a una grave crisis espiritual.

Frecuentemente, Sabato encuentra en la ficción el modo más adecuado de expresar esas preocupaciones y dilemas existenciales del hombre concreto. La novela, tal como él la concibe, no solo permite desarrollar ideas; el escritor puede valerse de otros códigos, de los símbolos, los mitos, y los recursos del pensamiento mágico.

En el ensayo Hombres y engranajes, publicado en 1951, Sabato recuerda el rechazo que le provocaba, mientras se desempeñaba como investigador en el Laboratorio Curie en París, hacia fines de la década de 1930, la arrogancia de los hombres de ciencia con los que trabajaba, quienes, con frases grandilocuentes, hablaban sobre la contribución que creían estar haciendo al progreso y sobre el carácter liberador de la ciencia que resolvería todos los problemas. Mientras tanto, se aproximaba la Segunda Guerra Mundial y esa ciencia “iba a ser el instrumento de la matanza mecanizada” (op. cit., p. 13). La idealización y sacralización de la ciencia, y en particular de la técnica –“tecnolatría”-, es objeto de un cuestionamiento que Sabato mantendrá en toda su obra y cuyo análisis crítico irá profundizando en sus ensayos. En una de sus últimas obras, La Resistencia, de 2000, afirma:

“Aquella ciencia que iba a dar solución a todos los problemas físicos y metafísicos del hombre contribuyó a facilitar la concentración de los estados gigantescos, a multiplicar la destrucción y la muerte con sus hongos atómicos y sus nubes apocalípticas” (op. cit., p. 56)

En sus últimos ensayos, aparece, además, una preocupación intensa por el daño ecológico, advierte que lo que está en juego es la vida misma en nuestro planeta. En Antes del fin, nos dice:

Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado. No es casual que en una de las últimas Cumbres Ecológicas se hayan previsto guerras, en un futuro no muy lejano, para la obtención de agua potable. (op. cit., p. 118)

La comunicación con el otro. Obstáculos y desencuentros

Otra preocupación recurrente en Ernesto Sabato, expresada tanto en su obra literaria como en sus ensayos, es la que remite a los límites de la comunicación entre los seres humanos. Límites que los confrontan, frecuentemente, a una profunda y angustiante soledad existencial. La soledad y las limitaciones para un encuentro auténtico, genuino, con el otro, se agudizan, a su entender, en la sociedad contemporánea, que revela en toda su magnitud la soledad inherente, metafísica, que ya autores como Franz Kafka habían expresado lúcidamente en la literatura. En relación al papel de la sociedad en el incremento del vacío existencial, la soledad y el aislamiento, expresa Sábato en Hombres y engranajes:

Así como ciertos monstruos sólo pueden ser entrevistos en las tinieblas nocturnas, la soledad de la criatura humana se tenía que revelar en toda su aterradora figura en este crepúsculo de la civilización maquinista (op. cit., p. 19)

Asimismo, en Heterodoxia (1953), en un apartado que titula “Soledad y comunicación”, Sábato dice que el yo aspira siempre a comunicarse con otro yo para escapar a la soledad y la locura. Reflexiona entonces sobre el amor como el más poderoso de esos intentos, al que diferencia de un erotismo exclusivamente sexual que, manifiesta el autor, está frecuentemente unido a la violencia, el sadismo y la muerte. El amor y el arte son para Sabato los “universales concretos” que permiten construir puentes entre los sujetos.

Ya finalizado el siglo XX, en uno de sus últimos ensayos, La resistencia, Sabato insiste una vez más, en la necesidad de expresión de los seres humanos, en el anhelo de una comunicación verdadera, en la importancia de un encuentro auténtico con el otro, en el afán de los humanos por “salir del cautiverio de su soledad”, y reitera, asimismo, el obstáculo que representa una civilización deshumanizante, tanto para el diálogo como para el contacto con el mundo:

Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida. (op. cit., p. 8)

La cultura contemporánea, entiende Sabato, tiene rasgos distintivos y tendencias que se fueron acentuando al avanzar el siglo XX, afectando profundamente las pautas de interacción y las condiciones para la intersubjetividad. A partir del surgimiento y la difusión, a escala global, de los dispositivos tecnológicos con fines de entretenimiento – como la televisión, que ya hacia mediados del siglo XX comenzaba a imponerse en la vida cotidiana, y más adelante, la informática-, se modifican profundamente los hábitos y costumbres en todas partes del mundo. Hace notar Sabato, lo que supone para los humanos el uso indiscriminado y abusivo de esas tecnologías: la pérdida de la capacidad para ver lo que nos rodea, la pérdida de contacto con las cosas y, fundamentalmente, con los otros, a partir de la paulatina desaparición de espacios de encuentro personal, cara a cara. Sábato habla, incluso, de una pérdida de sensibilidad: “Al ser humano se le están cerrando los sentidos, cada vez requiere más intensidad, como los sordos”, dice en La resistencia (p. 9). La pérdida de sensibilidad, entiende Sábato, nos vuelve indiferentes ante la presencia del otro; de este modo, se limita, cercena, atrofia, aquello que nos define como humanos. El ritmo de las grandes ciudades, las exigencias laborales cada vez mayores, la competencia y la ambición fomentadas por un sistema económico, social y político deshumanizado, conspiran contra un encuentro con el semejante. “Está más a nuestro alcance un desconocido con el que hablamos a través de la computadora”, afirma en La resistencia (p.13). Entonces, el aislamiento se instala y la soledad y la angustia condenan al sujeto a una existencia penosa, a convertirse en un “átomo cápsula”, expresión que Sabato utiliza para dar idea de un individuo encerrado en su propio mundo, en un departamento de una gran ciudad, en su ámbito laboral, cumpliendo con horarios y obligaciones cada vez más demandantes, pero aislado, incapaz de dejarse sensibilizar por la presencia y el dolor del otro. Sabato ve a ese hombre contemporáneo como una cápsula rodeada de otras cápsulas y al progreso tecnológico como un avance aparente que, en realidad, supone un retraso, una cosificación y degradación del hombre, una involución de aquello que nos define como humanos. La pantalla de la computadora, anticipa en La resistencia, será la ventana a través de la cual los seres humanos sentirán la vida.

Sabato señala, asimismo, la ilusión de completar el vacío existencial – que considera inherente a la condición humana, pero acentuado en las sociedades actuales-, por sustitutos engañosos. Uno de esos sustitutos falaces es el consumo. Por oposición a la tendencia, difundida y fomentada, a reemplazar los objetos de que nos valemos en nuestra vida cotidiana, que rápidamente pasan a ser obsoletos y descartables, Sábato rescata el valor de los objetos que tienen una impronta personal que los hace únicos.

“El hombre hace con los objetos lo mismo que el alma realiza con el cuerpo, impregnándolo de sus anhelos y sentimientos, manifestándose a través de las arrugas carnales, del brillo de los ojos, de las sonrisas y de la comisura de sus labios” La resistencia, p.11

En confrontación con el individualismo que vuelve a los humanos indiferentes e impasibles ante el dolor de los demás, Sabato otorga relevancia a la intersubjetividad, al “nosotros”, como la única posibilidad de salir de la soledad y el aislamiento que producen las grandes ciudades, con la omnipresencia de la tecnología y la presión al consumo. “Frente a la soledad y la desesperación –decía ya en 1953, en Heterodoxia– aparecen la comunicación y el amor, los trabajos en común, los sentimientos en común, la fe en la existencia” (op. cit., p. 118). Asimismo, destaca el valor del arte como posibilidad de realización plena.

Referentes filosóficos y contexto histórico de la obra de Ernesto Sabato

Las reflexiones de Sabato se van desarrollando y profundizando en sus ensayos a partir de la lectura atenta de autores que toma como referentes y que nos permiten situar su pensamiento. Asimismo, ese pensamiento está profundamente influenciado por los acontecimientos políticos, económicos, sociales, que se sucedieron durante el siglo XX.

En su primer ensayo –Uno y el Universo (1945)-  las inquietudes de Sabato son fundamentalmente gnoseológicas, centradas en las posibilidades y límites del conocimiento científico. Este primer ensayo lleva la impronta de la filosofía analítica, particularmente de las lecturas de Bertrand Russell y de Alfred Whitehead, a quienes Sabato menciona explícitamente, y refleja la búsqueda del autor de una fundamentación filosófica del conocimiento científico[1].

En Hombres y engranajes (1951), sus preocupaciones son ya, fundamentalmente, ontológicas y antropológicas, y se percibe su acercamiento a la fenomenología y, sobre todo, a la filosofía existencialista. La influencia de los filósofos existencialistas es notoria, desde muy temprano, tanto en su obra literaria como ensayística. Uno de los filósofos existencialistas de profunda incidencia en su obra, es Martin Buber, a quien Sabato menciona explícitamente en Hombres y engranajes. En el pensamiento antropocéntrico de Ernesto Sábato se advierte una lectura cuidadosa de Buber, sobre todo de su libro: ¿Qué es el hombre? (1949), en que el filósofo austríaco sienta las bases de una antropología filosófica y reflexiona sobre la crisis de la civilización contemporánea, señalando la ruptura de un pacto primero entre el mundo y el ser humano, que  arroja  a éste a una condición de soledad y desamparo (Buber, 1949). Se aprecia, asimismo, en Hombres y Engranajes la adhesión de Sabato a la defensa que hace Buber de una ética espiritualista basada en la intersubjetividad.

Otro pensador existencialista de gran influencia en Sabato es Nicolai Berdiaev, filósofo inscripto en el existencialismo cristiano que, con su crítica al racionalismo, aporta a Sabato nuevos argumentos contra los ideales positivistas, contra el maquinismo y la deshumanización. Sin embargo, la adhesión al pensamiento de Berdiaev, debido a su concepción dogmática cristiana, a su crítica vehemente del modelo comunista soviético y a su idealización del orden espiritual de la Edad Media, le valió a Sábato – según lo reconoció él mismo muchos años después-, la acusación de reaccionario y oscurantista, y el rechazo de gran parte de la izquierda argentina.

Leon Chestov, otro existencialista cristiano a quien Sabato cita en un epígrafe a Hombres y Engranajes, ha dejado asimismo una impronta significativa en su obra. Este pensador, autor de un libro titulado “La filosofía de la tragedia”, aporta algunas de las categorías conceptuales que Sabato emplea en sus ensayos. Lo mismo puede decirse sobre Miguel de Unamuno, con su obra “El sentimiento trágico de la vida” y de Gabriel Marcel, de quien Sabato adoptará la frase “metafísica de la esperanza”.

Es indiscutible, asimismo, la huella en la obra de Sabato, de la lectura de Jean Paul Sartre. Muchos analistas vieron en la novela El Túnel (1948) una expresión del nihilismo sartreano. Sin embargo, en sus ensayos, Sabato reflexiona críticamente sobre Sartre, de cuyo racionalismo y ateísmo procura diferenciarse. En el apartado “La obsesión central de Sartre”, de Heterodoxia, Sabato afirma que psicoanalíticamente Sartre es un platónico y conscientemente un existencialista, paradoja que, según cree, explica las contradicciones del filósofo francés. En el apartado “El nosotros”, de esa misma obra, Sabato expone con claridad su oposición al escepticismo sartreano:

Para Sartre, como para Pascal, estamos embarcados como galeotes en el mismo barco que nos lleva a la muerte: nuestra comunidad no es más que una confraternidad de la desesperación. (op. cit., p. 118)

Frente al escepticismo racionalista y ateo de Sartre -con su concepto de contingencia[2] que, considera Sabato, conduce a la desesperación-, el ensayista argentino expresa una profunda fe en el ser humano concreto, con sus miserias pero también con su grandeza, una confianza que lo acerca más al filósofo y escritor español Miguel de Unamuno, a quien manifiesta reiteradamente su admiración así como a los existencialistas cristianos ya mencionados.

También influyeron en Sábato pensadores no existencialistas, como Lewis Mumford y Eirch Kahler, quienes, junto con Berdiaev, le permitieron profundizar  en el análisis de la crisis de la civilización, una crisis que, a entender del escritor argentino, no es solo económica sino también social y cultural, es “un colapso de toda una concepción del hombre y de la realidad” (Sabato, citado por Sánchez López, 2003, p. 433). Porque el hombre concreto del que nos habla Sabato está inmerso en una sociedad que se ha vuelto deshumanizante. Esta noción paradógica de deshumanización de la humanidad, la desarrolla Sábato ya en Hombres y Engranajes. Expresa en esa obra, que dos fuerzas “dinámicas y amorales”, el dinero y la razón, son las responsables de esta paradoja. Tanto la razón, sacralizada por el pensamiento moderno, como la ciencia y la política, afirma, se desentienden de las preocupaciones que arraigan en lo más profundo de la condición humana.

Podemos afirmar que Sabato confronta con los ideales de la Modernidad, entendida ésta como el paradigma que procuró resolver los problemas humanos a partir del conocimiento y el manejo racional de la naturaleza. Durante el largo período que se conoce como Modernidad, el conocimiento, en especial el conocimiento científico, desvinculado de las doctrinas religiosas, fue visto como el camino hacia la solución de todos los problemas. La fe en el conocimiento por oposición a la fe en Dios; la razón y la ciencia por oposición a la superstición; y una concepción de la existencia humana ya no entendida como tránsito hacia otra vida sino como la única posible, son algunos de los rasgos de esa época. Se creía que el conocimiento científico de la naturaleza y su dominio a través de la técnica iba a permitir liberar a la humanidad de la escasez, la necesidad, el hambre, y protegería a los humanos de las catástrofes naturales. La  esperanza en el futuro se asentaba en una confianza ilimitada en el progreso, en el carácter liberador del conocimiento, en la ciencia como descubrimiento de las leyes que rigen el universo y en una visión instrumental de la técnica, cuyo desarrollo permitiría superar todos los problemas. Ese futuro se imaginaba libre de las miserias originadas en la superstición, el atraso, la ignorancia, la barbarie, porque el conocimiento -se creía-, permitiría desarrollar formas racionales de organización social para superar el uso despótico del poder. La igualdad, la libertad y la justicia se alcanzarían a través de la razón.

El desencanto sobrevino dramáticamente en la posguerra. Los horrores de la Segunda Guerra mostraron a la humanidad adónde podía conducir la razón instrumental. En palabras de Ernesto Sabato:

Una vez afirmada en su poder, la razón prometeica fue incapaz de resolver los problemas fundamentales, ya que no era suficiente robar el fuego para iluminar la historia” (Antes del fin, 1998, p. 124).

En lo que respecta a su concepción de la Historia, Sabato se diferencia explícitamente del modelo marxista a cuyos supuestos frecuentemente alude con ironía, señalando críticamente afirmaciones que encuentra tautológicas como las que se refieren al papel de la lucha de clases. Para Sabato no son las relaciones de producción y la lucha de clases el motor de la Historia; los factores culturales, y en especial religiosos, tienen para él un papel decisivo en la transformación de una sociedad. Resulta evidente, en su concepción de la Historia, la influencia de Erich Kahler, cuya obra Historia Universal del Hombre, publicada en 1943, destacaba el papel de los factores culturales y religiosos en el desarrollo histórico, e incluso –anticipándose a corrientes historiográficas actuales- el papel de las creencias, representaciones y conceptos que empleamos para interpretar los hechos. La concepción medieval del mundo, fundamentalmente religiosa, por oposición a la secularización del Renacimiento, son los ejemplos que toma Sabato para ilustrar esta posición. Asimismo, se aprecia claramente la influencia de Kahler en el planteo de Sabato sobre la crisis del mundo occidental como crisis espiritual y moral. También es notoria, la adhesión de Sabato a la concepción de sujeto que expone Kahler, para quien lo que diferencia a los humanos de los animales es la facultad de ir más allá de sí mismos, trascender los límites de su yo y entrar así en relación con el no-yo, lo que permite ponerse en el lugar del otro, es decir, experimentar la empatía y los sentimientos.

Resulta necesario señalar que, en las reflexiones de Sabato, además de la lectura de los filósofos mencionados, se advierte el peso del contexto histórico, en particular de los dramáticos acontecimientos que marcaron el siglo XX. El pensamiento de Ernesto Sabato está atravesado por hechos históricos decisivos, especialmente por la Segunda Guerra Mundial y la explosión de las bombas nucleares arrojadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en 1945. Como otros pensadores de mediados del siglo XX, ante los horrores que el fin de la Segunda Guerra puso en evidencia – genocidios, campos de concentración, regímenes dictatoriales y totalitarios- se pregunta cómo ha sido posible tanta destrucción y crueldad. Sabato expresa entonces, lúcidamente, el derrumbe de los valores de la Ilustración y la Era Moderna, el fin de la fascinación por la razón, el progreso, la ciencia positivista; valores que muestran su futilidad ante los horrores que el mundo, perplejo, ve expresados en los cuerpos famélicos y en los rostros sufrientes de quienes sobrevivieron al holocausto. El siglo XX traería el desencanto, la comprobación de que el conocimiento científico, librado a su propio desarrollo, es ajeno a toda preocupación ética, y que, como Frankenstein, puede producir un monstruo que destruye a quienes lo han creado. La problemática central del pensamiento sabatiano  pasa a ser, entonces, antropológica y axiológica. El problema del bien y el mal recorrerá su obra.

Actualidad y vigencia de sus reflexiones

¿Cuál es el legado para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, habitantes de un mundo globalizado, del pensamiento de Ernesto Sabato?

Muchas de sus reflexiones resultaron anticipatorias y otras, formuladas en la segunda mitad del siglo XX, adquieren hoy, en las primeras décadas del nuevo siglo, otra dimensión.

Se retomarán, aquí, los dos ejes conceptuales que guiaron la exposición: el desarrollo científico-tecnológico con su impacto en la vida cotidiana, y el problema de la intersubjetividad y la comunicación.

1.- La ciencia y la tecnología, hoy

La ciencia y la técnica son hoy muy diferentes a aquellas que Sabato conoció y practicó en su juventud. No obstante, los señalamientos críticos que él realizó acerca del desarrollo científico-tecnológico y sus derivaciones, tienen hoy plena vigencia. Existen, actualmente, en el campo de la ciencia y la tecnología, posibilidades que eran inconcebibles hace apenas unos años y que generan situaciones inéditas cuyas derivaciones exceden al propio campo. Se plantean, hoy, dilemas de carácter ético que conciernen, fundamentalmente, a los límites de la intervención humana sobre la naturaleza. El desarrollo de la genética, por ejemplo, permite actualmente realizar intervenciones impensables hasta hace unos pocos años, y efectuar combinaciones y transmutaciones entre organismos diversos, traspasándose incluso, límites que fueron infranqueables durante toda la historia de la humanidad, como la diferencia natural entre organismos vegetales y animales. Los ciudadanos comunes, los hombres y mujeres concretos de los que hablaba Sabato, sabemos que hoy es posible producir organismos transgénicos, es decir, organismos en cuyo ADN se han introducido genes de otra especie, y leemos cotidianamente expresiones como manipulación genética, experimentación con embriones, “selecciones” para corregir errores genéticos, “clonación”, entre otras. Son expresiones que comprendemos parcialmente y de modo intuitivo, sin un conocimiento exhaustivo y completo de los procedimientos que implican. Son posibilidades que, al mismo tiempo, fascinan y aterran. Sabato en Antes del fin, publicada en 1998, se alarma ante la posibilidad futura de seres humanos clonados, genéticamente programados para ser insensibles al dolor de los demás o para servir como esclavos y se pregunta:

¿Se puede pensar algo más infernal que la clonación? ¿Podemos seguir día a día cumpliendo con tareas de tiempos de paz, cuando a nuestras espaldas se está fabricando la vida artificialmente? (op. cit., p. 117)

Son interrogantes que expresan preocupación y angustia por el futuro de la humanidad, ponen de manifiesto su concepción humanista y demandan por un sistema de valores que resulte orientativo y que ubique en primer plano a la dignidad humana. Son preguntas que nos conducen al campo de la axiología y la antropología filosófica, las disciplinas en las que Sabato abrevaba en busca de respuestas.

Los valores propios de nuestra época, como el individualismo, la competitividad, el consumo, actualizan la pregunta por el sentido. Detrás de las intervenciones tecnológicas, que desafían los límites de lo que la Modernidad definía como “naturaleza” y “organismo”, hay decisiones históricas y políticas. Se nos plantean hoy, en las primeras décadas del siglo XXI, ante las posibilidades casi ilimitadas de intervención biotecnológica, interrogantes que involucran cuestiones de ética y que reclaman nuestro compromiso como sociedad, interrogantes acerca de las implicancias de estas innovaciones, acerca de los límites hasta los cuales la ciencia debe avanzar y acerca de la necesidad de enunciar principios básicos  universales en un mundo diverso, heterogéneo y en conflicto, es decir, aceptables para grupos étnicos, religiosos, políticos, nacionales, diferentes. Imaginar alternativas posibles en un mundo atravesado por sofisticados dispositivos de poder es un desafío para nosotros y para las nuevas generaciones.

Otra preocupación de Sabato, que tiene hoy plena vigencia, y que está ligada al desarrollo tecnológico puesto al servicio de intereses económicos, es la que concierne al daño ecológico. Señala que vivimos en una tierra que debemos cuidar, que dependemos del agua y de los otros seres vivientes, por lo tanto, el daño ocasionado afectará la vida futura en el planeta pudiendo llevar a su completa destrucción. La vida misma del planeta está en riesgo, advierte en sus últimos ensayos.

2.- La comunicación y la intersubjetividad en el siglo XXI

El concepto de “tecnolatría” que utilizaba Sabato, adquiere hoy una nueva dimensión. La “técnica” de la que nos hablaba en sus ensayos va hoy mucho más allá de la máquina, es decir de los dispositivos mecánicos que desde la revolución industrial, transformaron la producción económica y la sociedad; es actualmente, “tecnología”, y tiene un protagonismo aún mayor en la vida cotidiana que la técnica mecanicista en los siglos XIX y XX, afectando profundamente la existencia de los seres humanos concretos y sus pautas de interacción.

En lo que respecta al problema de la intersubjetividad y la comunicación en el mundo de hoy, puede afirmarse que los nuevos dispositivos tecnológicos, sofisticados pero disponibles para una amplia mayoría de la población, con su presencia permanente en la cotidiana y la casi imposibilidad de prescindir de ellos, actualizan y profundizan la preocupación de Sabato por la soledad y el desamparo de un individuo al que veía encerrado en su propio mundo, ese “atomo cápsula” aislado, insensible a la presencia y el dolor del otro. Tal como lo anticipaba Sábato, comprobamos cotidianamente que el encuentro con el otro parece cada vez más difícil y se sustituye por la “conexión” a través de la computadora, los teléfonos celulares y otros dispositivos.

Sabato nos hablaba también de una pérdida de sensibilidad. La pantalla de la computadora, nos decía en La resistencia, será la ventana a través de la cual los seres humanos sentirán la vida. Nos alertaba sobre una pérdida de sensibilidad, sobre una atrofia de los sentidos. Hoy esta sospecha se convierte en una realidad sobre la que advierten filósofos, sociólogos y psicólogos en todo el mundo. Muchos hablan de hiperactividad en los niños expuestos prematura y excesivamente a la tecnología, otros hablan de apatía e inexpresividad en los adolescentes.

Se registran, actualmente, cambios sustanciales en el comportamiento de los sujetos. Los dispositivos tecnológicos han afectado la manera de vivir y de pensar: la información sustituye al conocimiento y al saber, cuya producción requiere tiempo, análisis, reflexión; la experiencia con el mundo se reemplaza por la experiencia virtual; y la conexión a través de las “redes sociales” reemplaza el encuentro personal, cara a cara, con el otro. El resultado es un sujeto hiper-conectado, navegando a la deriva en el ciberespacio, pero solo. Este vacío de relaciones intersubjetivas reales, nos trae nuevamente a la memoria las frases de alarma de Ernesto Sabato sobre la soledad existencial que él veía acentuarse a medida que avanzaba el siglo XX. Sus prevenciones y suspicacias acerca de los “avances” de la técnica, se vuelven hoy, en pleno siglo XXI, más verdaderas y angustiantes.

La realidad virtual privilegia la mirada, pero los humanos no solamente miramos, también tocamos, oímos, percibimos aromas, sabores, y tenemos recuerdos que frecuentemente – como en la novela de Proust- son activados por aromas y sabores que creíamos perdidos y que nos traen de nuevo una parte de nuestra historia, lo que fuimos y lo que somos, nuestra identidad. Una identidad que se construye en relación con otros, esos otros que nos constituyen con su mirada y con su palabra, que dan sentido a nuestros primeros berridos, que nos convierten en humanos.

A modo de conclusión:

El humanismo de Sabato y su “esperanza demencial”

En muchos de sus ensayos Sabato habla de una “metafísica de la esperanza”, expresión que toma del existencialista cristiano Gabriel Marcel, y que siente que refleja su propia posición respecto al futuro. En efecto, su aparente escepticismo, su angustiado dolor ante las injusticias y los atropellos a los más débiles que expresa en toda su obra –literaria y ensayística-, su congoja por un mundo al que ve cada vez menos humano, y que está en riesgo de autodestrucción, tiene siempre, como contrapartida, una constante invocación a la esperanza. Pero no se trata de una impetración de un milagro, se trata de un llamado a la responsabilidad individual. Es un deseo, podríamos afirmar incluso que es una fe, una creencia profunda, en ese ser humano concreto, con sus miserias y sus grandezas. Es un anhelo, un deseo esperanzado de que un despertar de las conciencias se esté gestando. Baste, para ilustrarlo, una breve cita de La Resistencia: “Creo en los cafés, en el diálogo, creo en la dignidad de la persona, en la libertad. Siento nostalgia, casi ansiedad de un Infinito, pero humano, a nuestra medida” (op. cit., p. 22).

Sabato comparte con nosotros su intuición de que un nuevo tiempo, espiritualmente muy rico, está a las puertas de la humanidad, pero, nos dice, siempre que comprendamos el poder que cada uno tiene sobre el mal en el mundo. Nos llama a cuidar el mundo en el que vivimos, a oponernos a la codicia de quienes están devastando la naturaleza y ponen en peligro el futuro de las generaciones que nos sucederán, a optar por una comunicación verdadera, a la solidaridad, a sensibilizarnos por el sufrimiento del otro, especialmente por los más débiles.

Es oportuno entonces, para concluir este trabajo, transcribir la cita con la que el propio Sabato termina su ensayo Antes del fin: “Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”.

Bibliografía

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— (2000): La resistencia. Buenos Aires, Planeta – Seix Barral.

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[1] Como lo ha hecho notar Sánchez López (2003), la epistemología de Sábato es  pre-popperiana, basada en una ciencia universal, ahistórica, de metodología inductivista. Esto se debe, fundamentalmente, a la época en que esta obra fue escrita y a las características de la ciencia que Sabato conoció y practicó durante la década de 1930 y comienzos de la década de 1940.

[2] La noción de contingencia alude a lo aleatorio, a la idea de que la existencia humana no responde a ninguna intención, causa o necesidad y, por lo tanto, carece de sentido y es absurda. Esta idea se expresa claramente en la afirmación de Sartre de que los seres humanos estamos “arrojados a la existencia”, sin ninguna finalidad ni propósito.

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