Relato relativo, de Estefanía Berte

Relato relativo, de Estefanía Berte

2do. Premio NARRATIVA – Universo Soriano

Irma se sentía cansada… al observar su nuevo Rolex notó que el tiempo definitivamente estaba pasando rápido, y al ver el ataúd situado frente a ella notó que ese preciado tiempo delimitaba cada vida y se planteó tan solo por unos segundos qué tan bien lo estaba aprovechando.

 

Irma tenía frío… definitivamente no se sentía bien; la situación no era agradable, de hecho, ella hubiera preferido reencontrarse con esos familiares a quienes no veía hace años en otra situación, un casamiento, un cumpleaños o incluso un casual encuentro en el gran supermercado de la ciudad, pero definitivamente jamás en el velorio de su padre. Creyó notar cierto regodeo por  parte de sus tíos, pero de cualquier modo no quiso convencerse, seguro era una percepción falsa debido a su agotamiento mental. Apartada de sus familiares observó el modo en que todos conversaban posiblemente sobre la herencia, reían y bebían café; indiscutiblemente eso no podía ser correcto… era por el fallecimiento de su propio padre que estaban ahí ¡y todos se comportaban como si nada hubiese pasado! Ella no quería dinero, sino a su padre, pero de todos modos nada se lo devolvería.
Volvió a mirar su Rolex, decidió que era hora de retornar a su casa, pues la noche había sido exhaustiva; tan solo con un gesto dijo adiós y se fue a dormir.

 

—————————

 

El timbre del despertador la despertó del profundo sueño en el cual estaba inmersa a las ocho de la mañana, y a pesar de no recordar por qué lo había programado no tuvo alternativa más que despertar. Estiró su mano instintivamente buscando a Ricardo pero él no estaba allí, había partido.
Últimamente la relación no estaba funcionando para ambos, si bien ella aún lo amaba el sentimiento no era recíproco, y era evidente que la abandonaría en cualquier momento.
Intentando mantener la calma y buscando dentro suyo una esperanza se dirigió a buscarlo al living, pero estaba vacío… el living y su corazón.
Corrió a la habitación y abriendo el placard se terminó de convencer de que la había abandonado, ya no estaban sus trajes, lo único que quedaba eran los recuerdos.
-Qué más da –se dijo con una gran entereza- la vida continúa. Peor es la muerte.

 

————————

 

Buscando un consuelo y sin haber pensado en la manera de darles la noticia fue a despertar a sus hijos.

-¡Manu, Cami! ¡Despierten hijos! Es tarde y hoy hay escuela, Manu, Cami,… ¡Manuel!, ¡Camila!, ¡¿Dónde están?! ¡¿Y sus cosas?! Esto no puede estar sucediendo, Ricardo, ¿qué me hiciste Ricardo? ¡¡Ricardo!!
En una suerte de acto reflejo tomó el teléfono y llamó a su suegra
-Nelly?
-Hola nena! es temprano, ¡No me digas que algo le pasó a Richard o a los nenes!
-No se haga la desentendida y páseme con Ricardo por favor
-¿Pero qué pasó?
-Páseme con su hijo Nelly –alcanzó a decir ahogada en llanto– ¡y páseme ahora!
-Acá no está, querida
-No lo niegue por favor, ¡usted es madre santos cielos!, ¡entienda que estoy desesperada!
-Irma no me asustes, ¿qué fue lo que pasó?
Al verse sumida en una conversación sin sentido alguno colgó el teléfono absolutamente desorientada, enloquecida… y sin sus hijos.
Inmediatamente llamó a la policía buscando ayuda, pero no la obtuvo; una voz le comunicó que debía presentarse personalmente y luego de veinticuatro horas
-¿acaso están locos? – dijo – ¿no se dan cuenta que tan solo a la mitad de la espera mis hijos podrían estar en Europa? Son muy pequeños, Camila tiene siete años y Manuel solo cuatro, no deben comprender lo que sucede.
Sin poder contener su llanto y despojándose de su fortaleza le dio paso a la debilidad y tomando tranquilizantes se tiró a llorar en la cama resignándose a esperar. Recordando el primer pensamiento que había tenido en la mañana se corrigió:
-Peor no es la muerte, peor es la muerte en vida- luego durmió.

 

————————

 

Despertó a las ocho de la mañana; con lágrimas en los ojos aún por lo sucedido el día anterior. Vio una nota sobre la mesa de noche, era de Ricardo y decía:


“Vida: No estés triste. Sé que lo que pasó ayer con tu padre ha sido difícili pero

todo saldrá bien porque estaré a tu lado acompañándote siempre.”
Levantó la mirada y allí se encontraba él, entrando a la habitación.


Sonriéndole y en lenguaje de señas le respondió:


“Amor, sé que todo saldrá bien porque papá me protegerá desde el cielo. Y no

estoy triste, he soñado algo hermoso. Soñé que podía hablar.”

 

Estefanía Berte – Tandil – 2007

Dejanos tu comentario