1er Premio – Concurso Regional

El último amante

 

Me besa el pie suave y frío, asciende y envuelve mis talones con extrema delicadez.

 

Primero estoy incómoda, pero él es respetuoso, no avanza. Lo siento helado, distante.

Permanezco allí hasta que poco a poco me acostumbro y sus caricias se vuelven cálidas.  Lo miro confundida, pero él es hipnótico. Galante, me espera mostrándome en él un refugio. A pesar de mi gran deseo de correr hacia él dejando todo atrás, para poder acurrucarme en sus fuertes y enormes brazos, permanezco casi quieta, mi movimiento es por poco nulo.

 

Habíamos pactado un encuentro nocturno, ya que, después de largas tardes de citas inocentes, me había dado cuenta que él era el indicado. ¿Quién más me querría así, débil, sin no más que una pequeña riqueza conformada por emociones, sueños y pasiones frustradas? Ningún hombre me querría así, y sin embargo, él había estado allí, a la espera, y ni en las peores circunstancias me había dado vuelta la cara. Siempre estuvo ahí, perseverante y divino, ¿Por qué habría de temerle?

 

No se mueve, pero me invita a ir. Aun temerosa, pero más suelta, avanzo más rápido. Cuando me voy acercando la primera reacción es como un golpe de témpano, se me erizan los bellos de la nuca mientras un escalofrío camina lento y filoso por mi cuerpo. Pero el resultado es increíblemente hermoso, casi mágico.

 

Me toma en sus brazos y me abraza salvaje contra su pecho, ahogando mis penas. Es un abrazo tan eufórico que, choca duro contra mi pecho y me deja sin aire. Me empiezo a desesperar. Primero, quiero soltarme, él no me lo prohíbe, y sin embargo, cuando estoy a punto de escapar corriendo como una niña, me doy cuenta que no quiero, ese lugar me gusta, él me gusta.

 

Vergonzosa permanezco nuevamente quieta, ya para mi agrado, él vuelve a acercarse a mí y me abraza por segunda vez. Nuevamente el choque es duro, pero ya no tengo miedo, nuestros cuerpos se fusionan creando uno solo.

 

Por un momento siento que me le escapo de las manos, me vuelvo de granito y caigo rígida y pesada. Él de un zarpazo me vuelve a levantar, atrayéndome hacia su cuerpo.

 

Me siento un poco dolorida, aturdida. Estoy con la mirada vacía y una catarata de recuerdos proyectados pasa delante de mí, mi padre, mi madre, mis amigos, las poesías, la vida de ciudad y aquel hombre, el de las dos caras, aquel que supo encarnar a dios y a diablo. Ese que me quitó todo, mi amor, mis ilusiones, mi corazón, y me lo devolvió con una simple chispita que fue creciendo, iluminando mi vientre, bañándolo de nuevas sensaciones y esperanzas renovadas. Esa que, al tiempo, se volvió candelabro, dejando de iluminar solo mi vientre para pasar a iluminar mi vida entera. Ese pequeño haz de luz al que yo llamé Alejandro.

 

Alejandro ¿podrás perdonar a esta madre cobarde e inmadura, que corrió cual joven de quince años tras su amado, huyendo de todo?

 

De repente, una lágrima pareciera derramarse de mi ojo, pero no la siento, no la veo, las lágrimas en ese mundo de fantasía no existen.

 

Él acude a mí suave y protector, repentinamente se vuelve Romeo y yo Julieta. Me besa con sus labios salados, llenándome el cuerpo y el alma. Con su beso va rompiendo poco a poco las capas que me apresaban. Liberada, me siento jovial, renacida.

 

Unas pequeñas burbujas escapan despistadas de mi boca, llevándose con ellas mi último aliento. Entonces, un rayo blanco cubre el lugar iluminando todo.

 

Me encuentro entonces con aquel mundo que soñé en mi infancia, con palabras pasando divertidas por al lado mío. Van tan distraídas que chocan contra otras creando explosiones en forma de oración.

 

Inhalo profundo, y la brisa pulcra baña mis pulmones.

 

Hacia el final, la veo. La pequeña casita de los cuentos en la que crecí, esa que por años creí que solo estaba en mi imaginación.

 

En la puerta me espera él, con sus ojos azules, sus labios salados, sus brazos fuertes que saben abrazar  ferozmente, su sonrisa suave, cristalina, y su cabeza coronada de rizos espumosos.

 

El que fue el último, pero eterno amante.

 

Melisa Veter – Concurso Regional Secundario – 1º premio

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