PARA COLMO DE MALES (cuento en tres momentos), de José Luis Frascinetti.

PARA COLMO DE MALES (cuento  en tres momentos), de José Luis Frascinetti.


1er Narrativa – Concurso Nacional – 2011

Inspirado en “Mateo”, de Armando Discépolo. Continuación del final, cierto tiempo después. También se le incorporan fragmentos de letras de tango de Enrique Santos Discépolo y un fragmento de letra de Troilo sobre Discepolín

 I

No somos nada, Miquele… Qué se le va a hacer…  El progreso, en este país, anda en sulky… Uno ve la gente… los coches que corren como locos… van… vienen… las gentes y los coches van y vienen pero, al fin de cuentas, a la hora en que un pingo es Leguizamo, a la hora de tener que pensar en el otro, se anda en sulky… Miquele… Qué se le va a hacer… La Biblia y el calefón, el norte y el sur sin rumbo…. Brrr… ¡qué frío!… La canchita del potrero pegadita a la de  Racing… y ya vendrán los tiempos, el tiempo en que los sueños se volverán pelotas de trapo, trapo o pelota…. Vendrá la época en que se tendrá al equipo de sus sueños en una categoría inferior, porque este país anda en llanta, Miquele… Nadie lo arregla… Todo se emparcha o se ata con alambre…

Yira… Yira… Viejo… ¿Qué sapa señor te dice el miedo?… Y uno se vuelve un poco hijo de él, del miedo, un funebrero con galera que te va gritando “que hay que entrare” , pero uno ni siquiera piensa en irse, quiere al lugar donde ha nacido y punto… qué joder… Porque siente que sus raíces se han metido para adentro de esta tierra, aunque en el acordeón se liberen ritmos de allende el mar… Pero cuando menos se lo espera, cuando la noche le gasta los tamangos a la soledad,  uno se vuelve una canción desesperada, grita su dolor y le duele… y la mirada de los otros se le viene encima porque todos miran o son ciegos mirando sin ver a nadie… Esta noche me emborracho, Miquele… Descangayado y todo se lo digo, me calzo los tamangos y me voy… Que algún cafetín de Buenos Aires me ponga el traje más pituco, así le bato mi pena, la ginebra de la culpa a los ángeles chiflados de un bandoneón… Así le peino canas al silencio para mirarme en el vidrio espejado de la noche. Así le canto las cuarenta a mi pasado, la peino con gomina a la nostalgia, mientras espero que usted entienda que ya todo es posible, que un día de estos podamos otra vez volver al corralón y tomarnos los amargos de siempre… Sí, por la nona se lo juro, voy a hacerlo Miquele… “Esta noche me emborracho bien, me mamo, ¡bien mamao! Pa no pensar” y después se lo cuento. Porque en este país que anda en llanta, algunos todavía andamos de a pie… Vergine santa… Tirale unos mangos a mi fe, porque la esperanza fue perdiendo sus chirolas y en el bolsillo agujerado del orgullo le puse coma y puntos al hastío, porque usted tiene los ojos buenos de Mateo, porque un día de éstos, la balanza caerá para su lado y usted se irá para su casa… y todo volverá a empezar…

II

…Sí… así es Miquele… Me rajé para el boliche pero la curda se me echó a dormir sobre una mesa… He vuelto para hacerle la gamba a usted… La taba se ha dado vuelta, Miquele… Se afilió al partido radical porque se cansó de ser conservadora… Pero, para colmo de males, el otro día, en el cuarto oscuro me encontré con una boleta con los nombres del Loro y el Narigueta… ¿Cómo que no me lo puede creer?… No se ría, Miquele…. Se bajaron del carrindango y usted terminó acá… pero ellos se recostaron del lado del poder…  Andaba de taba culera la justicia. Sí, se lo juro por la mamma, Dios la tenga en la gloria… la boleta tenía sus nombres… Además, los habían puesto bien grandes… y con letras negras… También les resaltaron los apodos: Loro y Narigueta… para que no tuviéramos dudas, para que nos diéramos demos cuenta de una vez por todas que en el partido de la Biblia y del Calefón cualquier tuerto es Rey, cualquier ciruja es Diputado…

Imagínese Miquele… el Loro y el Narigueta desvalijando el conventillo de Balcarce al 50, el Loro y el Narigueta  yendo en una lista por una banca en la comuna, cargando los bártulos de todo el mundo en un carrindango alquilado para engrosar sus arcones, convenciendo a los trajeados del primer mundo para que les tiren un mango para ellos… “saría moy lindo agarrar el chancho e lo vente” pero no, Miquele… No puede ser pero es así…   A usted le salió el tiro por la culata por culpa de Severino…

Qué se le va a hacer… Si viniera Mateo, pobre yobaca, se moriría, se iría al cielo el burro o al pastizal del cielo que le ha dado Dios por haber sido tan bueno… y volvería a bajar y a subir otra vez, con la carrindanga y todo… En Río Bamba y Rauch… subiría y bajaría al cielo, Mateo… 

No somos nada, Miquele… La vida es la vida, dijo Maco… y se la fumó como a un pucho, viéndola pasar nomás… “Y a lo muerto lo llóramo uguale”, como decía el tata, “cuando han sido honesto que cuando han sido deshonesto” los lloramos por igual… Hay que entrare… Hay que entrare y el que entró nomás de chofer fue el Carlos… Sí… No le quedaba otra al pobre… Usted acá adentro y la familia sin un peso… El hambre jugando de titular y el Chichilo en el banco de suplentes…

 Para colmo de males, el otro día, casi termina con usted el Carlos. Sí… Se lo cuento… Se puso a discutir con un vigilante porque se había pasado de la velocidad máxima y… parla va… parla viene… el de la vigilancia se fue dando cuenta que el Carlitos era hijo de usted. Qué facha de asasino tiene tuo padre, le decía y el Carlito agachaba los ojos y masticaba la bronca. Mirando el coche, descargaba la bronca y pensaba: no ser el protagonista, el puntero de la Fórmula 1… Para colmo, el maestro Fangio, el de los pagos de Balcarce, el otro día ganó un nuevo campeonato… y ahora todos se creen que pueden ser Fangio… Carlitos también… Pero hay que andar la vida en un Alfa Romeo, hay que andarla… Con una tortuga de oro sobre el capote, con lo que sea hay que andarla, porque todos la pasamos en sulky, Miquele… aunque nos subamos a un Torino, aunque nos pongan sobre un Maserati 250F… El mundo anda en sulky, Miquele… Se va alejando de los arrabales de la buena intención, se para en el pescante del carrindango que está de moda y lo mira a uno que por suerte anda de a pie y le grita…

 Entonces uno ve a los tipos o a las minas en el volante… Sí, las minas también Miquele… Ahora hasta ellas manejan… Sí…Y andan diciendo por ahí que dentro de un tiempo hasta van a estar en el poder… Sí… con el Loro y el Narigueta en el Palco Oficial, repartiendo chapas y colchones… Cómo que no… Ya no son como la Carmen las mujeres… No… Ya ni la Carmen es así… Aunque no haya pasado tanto tiempo… o sí… porque acá dentro el tiempo fluye distinto… Nunca es triste la verdad, Miquele, lo que no tiene es remedio… Pero si usted me deja continuar con el monólogo, si su silencio me lo permite se lo digo, Miquele:  Si volviera Mateo se moriría…

Porque al  fin de cuentas, de regreso a su casa, en una esquina cualquiera, uno se detiene y espera, espera a  que se ponga en rojo el semáforo. En la esquina de lo que fue su barrio espera, porque así es la vida del pobre, como los transeúntes que detienen frente a un semáforo.  Hay que esperar… Esperar a que la luz vaya mutando de color para que los coches lo dejen a uno cruzar pero la máquina de fierro no para de rugir, acecha…  lo grita… le van gritando a uno y  “ey cuñau”, y  después lo putean las máquinas…  Con los graves fonemas del motor, lo putean… Te gritan los choferes… En un perfecto castellano te gritan que te podés ir a lo de hermana que ha matado la tuberculosis, a lo de la nona que está en la Chacarita… y uno entiende que a tanto pariente junto no se lo puede ir a visitar, por más que se lo ordene un tipo o una mina en el volante. Por más que la Merello sea chueca y camine a lo malevo la van a pasar por arriba Miquele… Un día de estos va a ser noticia en la primera plana de “La Nación”.

Con suerte alguno que otro zafa… Le hace un corte y una quebrada al silencio y en medio de tanto motor que ruge te grita: Viejo… corréte… que te hago bosta… y ahí me acuerdo de Mateo… y de usted, por supuesto… Me veo sobre el adoquín o sobre el asfalto pisado una y otra vez por el progreso material que anda en auto, por la miseria humana que anda en sulky… Me veo ahí, pisoteado por el progreso que me parla en francés, que arrastra las erres sobre el asfalto.

 Entonces escucho una voz que se agiganta con las sombras, que me llega desde el fondo de un corredor con malvones, desde atrás de una ventana con cortinas de cretona… Una voz que, con fuerte acento cocoliche, nos va diciendo con ternura: “Figli”, “Figli”… Veo una mano arrugada, una mano temblorosa que me acerca un plato con sopa de verdura, con las verduritas cortadas chiquititas, con la cebollita transparente que ha decolorado el hervor, una sopa con los ojos grandes del caldo, más grandes que los de la Carmene cuando supo que usted iba a terminar aquí, como cuando nos enteramos la verdad sobre las andanzas de Lucía…  Se la piantan, Miquele, se la piantan… Un día de estos no vuelve más… Re buena se ha puesto la Lucía… Pero quédese tranquilo que se la vamos a cuidar…

La taba no se da vuelta… y el mundo tampoco Miquele… Se me dan vueltas las palabras, se nos dan vueltas… Me dan con el rebenque por el lomo para que tenga y guarde, me parlan con el menjungue del lunfardo, nos tatúan en el aire enrarecido de una cantina de la Boca una letra de Homero Manzi que me dice “Tu musa está sangrando”, que “¿quién es culpable de la vida grotesca? Mejor salgamos antes de que amanezca, Miquele… “antes  de que lloremos, viejo –Discepolín!”… Y la vida es un tango que me pone entre la espada y la pared… Y uno siente que entre la espada y la pared hay una grieta, una grieta para mirar el mundo de otra manera, para pensar que la patria no puede quedar en manos ni del Narigueta ni del Loro… Mamma mía, Miquele… Santa Lucía Laceratta… Mamma mía benedetta…

III

… Ayer la Carmela anduvo por la carnicería, le pagó los once pesos al carnicero antipático. Le tiró las chirolas sobre el mostrador, y lloraba… ¡Cómo lloraba la pobre!… No hacía otra cosa que nombrarlo a usted, acariciaba una foto vieja…. Tenía su foto en el monedero, con una estampita de Santa Lucía para que lo protegiera, para que estas cuatro paredes no se le vengan encima, para que el tiempo le ponga rejas al pasado y le dé varias vueltas de llave al candado del olvido… Para que se pueda volver a empezar, Miquele… Vivir la vida es a veces volver a empezar…

Para colmo de males, el sábado, en el Club Social, Chichilo se subió al ring con el “Tano” Buonanotte y al tercer puñetazo se le quebró la muñeca… Todos lo veníamos intuyendo pero el destino no los ha confirmado: que el Chichilo le ha salido medio muñeca quebrada, medio muñeca… “Nocaut” dijo el árbitro y ahora la Carmene, que anda en la lona, tiene que andar entre el Hospital y la casa… Me dijo que no se lo dijera pero que no va a venir para acá porque ahora ha entendido lo del automóvil y dice que si usted se entera que a Carlitos le va bien trabajando como chofer se va a infartar… Qué se va a infartar, viejo… Esto es poca cosa a comparación de lo que se viene… Se lo digo yo… Hay que entrare, hay que entrare…

Por eso ahora vengo a pedirle disculpas… La culpa huele a muerto, Miquele… pero usted ya no tiene las manos sucias, no tiene la cabeza llena de macanas, porque ahora hay que entrar a la vida otra vez y yo vengo a rescatarlo porque ayer pagué la fianza… y porque ahora todo será diferente… porque los hijos y la Carmen habrán de perdonarlo… Sí… Claro que lo perdonarán… Se lo digo yo… el que le arrastra el ala a su hija, el que un día de estos se la pianta con libreta y todo… Soy el novio de Lucía… el hijo de Severino…

Con los pedidos de disculpas que me ha dejado mi padre para usted y que fueran sus últimas palabras antes de morir, se lo digo….

Hay que entrare, Miquele… A la vida, con los tamangos en punta o con las alpargatas o descalzo, hay que entrarle… y punto.                                         

José Luis Frascinetti (Gral. Belgrano) 2011

Dejanos tu comentario