Encuentros y desencuentros en el taller de AgroYoga en cárceles


Por Raquel Lacaria, tutora de la Facultad de Ciencias Sociales

Días pasados se llevó a cabo una clase de cierre de cuatrimestre en las unidades 38 y 2 de Sierra Chica, desde el proyecto de “AgroYoga Regenerativo Orgánico en Cárceles. El Arte del cultivo de la Semilla Humana” por la docente Claudia Cabrera.

Esta clase implica, en principio, “desestructurar” o “deconstruir” el aula o salón de clase modificando el espacio y de esta manera la concepción del proceso enseñanza aprendizaje, los roles, la dinámica, no sólo desde lo intelectual sino como seres completos, ya que se propone educar en diferentes aspectos, desde la salud física, mental y emocional. En la Unidad 38, en el aula universitaria, con alfombras en el suelo, descalzos, en forma de círculo compartimos este encuentro que consta de tres ejes transversales:

-Técnicas de Yoga y meditación orientadas a educar diferentes aspectos de la salud física, mental y emocional.

-Huerta orgánica tendiente a transmitir conocimientos sobre regeneración de suelos, elaboración casera de fertilizantes y producción de alimento orgánico.

-Ayurveda (Ciencia de la Vida y la Salud) como medicina natural, cocina y alimentación.

En un ambiente de armonía, confianza, y evidente comodidad, con desayuno, mate y postre de por medio se compartieron saberes, consejos, medicina natural, hierbas, especias y condimentos, plantas, bibliografía, técnicas de relajación y automasaje. También se problematizó acerca del contexto global actual y la utilización de productos tóxicos y químicos nocivos para la salud y el medio ambiente en la producción actual de alimentos. La propuesta consiste en “reconectar al ser con la vida, con la tierra y con el todo” destacando “la importancia de estos conocimientos en relación a la posibilidad de crear cambios personales en los comportamientos de consumo y producción ya que el conocimiento respecto de esta modalidad ancestral de agricultura provee a los participantes de una nueva herramienta de servicio productivo, para sí mismo, para las familias y para la sociedad, dignificando su lugar en la comunidad” como plantea la docente en su proyecto.

Se persigue el objetivo de brindar a los estudiantes conocimiento tanto para realizar el sabor de sus preparaciones culinarias como para complementos terapéuticos atenuantes de síntomas y/o patologías en su salud. Se pretende despertar motivaciones, intereses, deseos, talentos y proyecciones individuales y sociales en la vida de los internos, promoviendo la cooperación en servicios útiles y necesarios para la sociedad que faciliten el proceso de reinserción de los potenciales liberados.

La experiencia en la Unidad 2 comienza con la llegada a la cárcel y el despliegue de “los escopeta”, con ese nombre se conoce a la intervención del servicio ante algún conflicto. Entran alrededor de 10 policías con perros, máscaras, escudos y con escopetas. Aparentemente dicen, era obvio que algo iba a suceder. No supimos a que se referían hasta que pudimos ingresar, pasamos por las instancias comunes, notamos en el camino el área despoblada (sin contar las dos ratas muertas que formaron parte del paisaje gris y desolado de ese día). Al llegar al aula nos encontramos con un candado que cerraba la puerta y ningún estudiante en el lugar. Preguntamos en la escuela primaria y nos comentan que ese día hubo requisa temprano y “no sacaron a nadie”.   La clase de yoga este día quedó pendiente.

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