22 febrero, 2012

Testigos revelaron anomalías en operativos policiales a la chacra de Méndez

El accionar cómplice de la Policía local para con el Ejército, tras recibir la denuncia sobre el secuestro y persecusión del abogado Carlos Alberto Moreno en mayo del 77´, se vio confirmado dutante la cuarta jornada del juicio que se ventila en el Aula Magna de la Universidad Nacional del Centro.
Ayer por razones médicas estuvieron ausentes los jefes militares imputados, Roque Italo Pappalardo y Julio Tomassi. Sí permanecieron en el banquillo José Ojeda, Julio y Emilio Méndez.
La jornada se inició con las alocuciones de los hermanos Luis y Carlos Landaburu. Era la 1 de la madrugada, un día de mayo del 77´, cuando ambos jugaban a las damas en un negocio de Pinto y 9 de julio. De repente, ingresaron policías al local. La sorpresa los invadió al ser llevados por un patrullero a participar de una inspección ocular a la quinta de Méndez. La diligencia policial estuvo viciada de irregularidades. En primer lugar, fue de noche, rápida y además los Landaburu fueron obligados a firmar una declaración que nunca emitieron, pues la redactó ante ellos un jefe policial de la Comisaría Primera, alterando los episodios allí constatados.
Tras ser llevados a la casa precaria donde funcionó un centro clandestino de detención, la Policía trasladó a los testigos hasta la seccional, donde había un hombre vestido de civil, que se mostraba “preocupado”. En el acta figura la firma de un tal “Emilio Méndez”, uno de los que hoy está en el banquillo acusado de prestar sus instalaciones para que los militares perpetren los delitos de lesa humanidad.
Luis Landaburu relató que “nos subieron a un auto policial, a mí y a mi hermano. Ibamos hacia la zona de El Paraíso. De repente, se acopló un Falcon, que iba tras el patrullero donde viajábamos junto a dos policías. Bajamos y vimos que los hombres del otro auto portaban armas largas. Era de noche, se veía muy poco porque la casa que nos hicieron ver no tenía luz. Iluminaban con linternas, y sólo nos mostraron una habitación, donde las paredes estaban manchadas, presuntamente con sangre. Había un colchón. Y no vimos mucho más. Entonces nos llevaron a la Primera, donde un comisario le dictaba a un efectivo, adelante de nosotros. Nos hicieron firmar, pero eso que escribieron no lo habíamos dicho. En ese momento no teníamos opción, era firmá o firmá”, señaló el testigo ante el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata.
En el acta ante el juez Carlos Paulino Pagliere, en 1977, se dijo sobre esa diligencia que además estaba “el dueño de la casa”, algo que los Landaburu nunca pudieron percibir. Lo más sugestivo es la aparición de la firma de Emilio Méndez en ese documento probatorio.

ARLA INTERROGO A BASSI
Stella Maris Bassi es militante de los Derechos Humanos, docente jubilada y ex integrante del gremio Ctera. Escribió el libro “Piedra que late”, con la historia de los desaparecidos en Tandil y la región.
Ayer, la mujer narró con lujo de detalles los dichos vertidos por testigos directos del secuestro de Carlos Moreno. Es decir, se entrevistó con Miguel Marchioni, a quien nunca logró convencer para que declare ante la Justicia, puesto que el señor tenía miedo por su integridad y la de su familia. Bassi también escuchó en forma directa los dichos de Petronella Posal, la casera del club Los Cardos que vio como ejecutaban personas en la quinta de Méndez, así como escuchó los gritos de dolor en horas de la noche.
Entre tanto, Bassi también brindó precisiones sobre la relación entre Emilio Méndez y el jefe de la Fuerza Aérea de ese entonces, a quienes les adjudicó una “estrecha amistad”. Al parecer, el brigadier Teodoro Waldner “se quedó con el saco y los anteojos de Moreno”, prueba que podía complicar a Méndez, señaló.
Bassi también recordó que en Tandil se corrían comentarios sobre supuestas maniobras de fraude en el directorio de la Usina, que en aquellos años era una cooperativa, y donde Emilio Méndez era vicepresidente. “Hacían la famosa ´bicicleta´, sacaban el dinero de los socios para ponerla en sus cuentas bancarias y sacar los intereses”, denunció.
Ambos datos fueron increpados por la defensa de los hermanos Méndez, y el abogado Andres Arla puso en duda el testimonio de Bassi. Y retrucó: “usted juró decir la verdad ante el Tribunal. ¿Tuvo en algún momento alguna relación personal con Emilio Méndez?”. A lo que la testigo respondió: “sí, pero eso no me impide decir la verdad”, reconoció la señora.
Antes la docente había recordado una amenaza que le obligó a dejar su militancia gremial. El padre de Bassi vendía seguros, y uno de sus clientes, era Fermín Lazarte, miembro de la SIDE y amigo del ministro del Interior de la dictadura, Albano Harguindeguy. “Lazarte me dijo que el militar Ojeda había pedido informes míos y que me dejara de joder con los zurdos de Ctera”.
Más tarde, la testigo ratificó aquella amenaza de muerte contra Marchioni, ocurrida a las 4 de la madrugada en la casa del teniente Mur, donde también estaban el ex intendente Julio Zanatelli y Emilio Méndez. “Le mostraron fotos a Marchioni, donde estaban Moreno y un compañero de él, Enrique Pizzorno, también de Tandil y radicado en La Plata. Dijeron que él era el próximo, y luego Pizzorno se exilió en Canadá”, contó.
Por otro lado, apuntó que en la Quinta “La Blanqueada” también funcionó un centro de torturas y su propietario, miembro de la “derecha peronista”, militaba en un grupo nazi.

LA CONFESION DEL COMISARIO MENENDEZ A GUTIERREZ
Por la tarde compareció el letrado Osvaldo Gutierrez, ex concejal y miembro de la Comisión de DDHH del deliberativo. Fue quien impulsó la denuncia de la muerte de Moreno ante el Colegio de Abogados de Azul. Por un trámite relacionado a su profesion, recuerda que en mayo del 77´ fue a la Comisaría Primera y se encontró a Valentín Bulfoni, el vecino de la chacra de Méndez, a quien conocía con anterioridad. “Me dijo: al abogado de Olavarría Moreno me parece que lo acaban de matar al lado de mi casa”, aportó Gutierrez en la audiencia. Minutos después de ingresada la denuncia de Marchioni y Bulfoni, Gutierrez se reunió con el comisario Alfredo Menéndez, quien cerró la puerta de su oficina y en voz baja le comentó: “envié a mi gente al paraje Los Laureles pero otra fuerza me los mandó de vuelta”. Esto revela que el Ejército había abortado cualquier investigación que devele la verdad de lo sucedido.
Antes declaró Daniel Posal, hijo de la mujer casera de Los Cardos, quien ratificó los episodios ocurridos en el CCD denominado chacra de Méndez.
Por último, el viernes concluyó con la presencia del dirigente justicialista Juan Mario Pedersoli, abogado, que recibió denuncias de familiares en el HCD, luego de la llegada de la democracia en el 83. El “Choli” fue uno de los firmantes del Habeas Corpus que presentó el Colegio de Abogados de Azul para exigir el paradero de “El Negro” Moreno.

PROBLEMAS CON LA TELECONFERENCIA
Uno de los testigos propuestos por el Ministerio Público Fiscal y las querellas es una persona de apellido Hardoy, quien vive en Italia, por lo que se acudirá a la tecnología para que declare vía teleconferencia. Aunque en la víspera se supo que antes debe viajar a Suiza, por lo que su testimonio resultará de dificultosa concreción.

El último testimonio del jueves
Neri Bulfoni: “a Moreno lo corrían a los tiros”
Sobre el final de la audiencia del jueves, declaró la testigo Neri María Bulfoni, quien vivía con su padre en una chacra a 400 metros de la Quinta de Méndez. En 1977, la mujer trabajaba en el Hotel California, muy cerca de allí. Un día, Bulfoni padre le comenta que había estado en la casa un hombre mal vestido, que se identificó como Moreno, pidiendo un vaso de agua, intentando meterese en la casa, escapando de “unos atorrantes que lo tenían secuestrado hace 4 días”. Nelly llegó a ver cómo luego una persona de civil lo perseguía a los tiros. Vestía un saco, estaba descalzo y tenía un corte en el dedo gordo. Ella también denunció el hecho ante la Policía, junto a Marchioni. “Quien lo amenazaba a Moreno nos dijo: no lo lleven a ningún lado porque los vamos a matar”.
En el juicio reconoció por fotos la chacra de Méndez, y fue despedida por aplausos, pasadas las 21.

Fuente: Publicado en La Voz de Tandil el 18 de febrero de 2012.

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